La Cruz

por Steve Flatt - El editor de BibleWay
Se da permiso para reproducir para fines no comerciales propósitos lecciones en su totalidad y sin cambio/p>

¿Tiene una Pregunta Bíblica?


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La Cruz

Tabla de contenido

La Cruz es el Centro

La Crucifixión Romana

Padre Perdónalos

El Poder de Perdón

Palabras de Consuelo y Fidelidad

La Hora Más Oscura

Palabras Sobre la Humanidad

Palabras de Rendición

Palabras de Victoria

La Cruz es el Centro

Era un viernes por la mañana, como a las 9:00 am cuando empezó. Habría de terminar para las 3:00 de esa tarde. ¿Qué puede hacer uno en seis horas? En nuestro moderno mundo, de alta tecnología, uno puede mandar emails por todo el mundo y uno puede conseguir un automóvil y viajar 500 kilómetros o más. Uno puede subirse a un avión e ir de un extremo del país al otro. Hay mucho que uno puede hacer en seis horas. Pero ese día fue más de dos mil años atrás.

¿Qué hacía la gente en esas seis horas? Probablemente como cualquier otro día, un campesino se levantó para sembrar en su terreno porque era primavera y ya era época de plantar. Una ama de casa, estoy seguro que, se levanto y se puso ocupada con sus quehaceres familiares de la casa. Un mercader abrió su tienda, y tuvo un ligero día de negocios por seis horas, alistándose para el sábado y para el fin de semana de la pascua. Uno puede hacer mucho en seis horas. Pero esas seis horas sucedieron en Jerusalén, y para tal ocasión todo lo que fue hecho en todo el mundo en todos los días combinados, se volvieron insignificantes en comparación a lo que estaba tomando lugar en un monte llamado "Calvario." Un hombre estaba siendo crucificado. Un hombre muy especial estaba siendo clavado en una cruz romana. Su cuerpo estaba siendo crucificado en una de las cruces levantadas ese día, la del medio.

Un visitante que justo pasaba por Jerusalén ese día puede que haya visto las cruces, sacudido su cabeza y pensado, "Ay, una de esas tristes pero necesarias ejecuciones para mantener la paz y la justicia." Los soldados romanos que fueron asignados el trabajo sabían poco de este misterioso joven carpintero que se rehusaba a suplicar o a quejarse. No tenían idea que este, que prácticamente se postró a sí mismo en la cruz, podría ser alguien más que un simple nazareno.

¡Uy!, pero ciertas cosas extrañas empezaron a suceder. Primero, vino una oscuridad, una negrura más oscura que un eclipse. El cielo tenía una penumbra infernal y espeluznante. Era como si Dios, el Padre, le hubiera dado la espalda a la tierra, quizá hasta como si hubiera derramado una lágrima. Luego vino el terremoto del que Mateo nos habla. Un misterioso estruendo desde el mismo vientre de la tierra que causó que las rocas se rompieran. Los prisioneros de la muerte fueron liberados de sus frías prisiones. Los reportes se difunden por todo Jerusalén sobre cuerpos que ya habían sido enterrados, ciertamente, caminando por las calles; sin duda seres queridos los vieron y hablaron con ellos.

La cortina, ese masivo velo en el templo que separaba el lugar santo de "el Santo de Santos," sería roto. Era el lugar en el que solo una vez al año el sumo sacerdote entraba llevando sangre de un cordero sin mancha para rosearla en el asiento de misericordia para expiación, un sacrificio para todas las personas. Esa cortina tenía doce metros de alto y pesaba varias toneladas. Pero durante todas esas horas, alguien, algo, de alguna manera rompió aquella masiva cortina de arriba a abajo, como si dos grades manos la arrancaran. Como si el gran Dios del universo dijera, "el Sumo Sacerdote ha entrado en el Santo de Santos por última vez, el día final de expiación. Nunca más se tendrá que entrar otra vez."

Pues, este no fue un viernes ordinario. Jerusalén fue capturada en la cárcel de un misterio que no podía entender. La gente se empezaba a preguntar al ver ciertas cosas y al escuchar otras. ¿Será posible? ¿Será posible? ¡No! No puede ser posible. Puede que ese hombre nazareno sea más que tan solo un hombre, algo más que tan solo un carpintero que vivió en Nazaret, quizá hasta algo más que un profeta. Uno podía oír casi todo el proceso de pensamiento de la comunidad entera. Es más, se quedaron hablando sobre esto por días y días y días.

¿Se acuerda de Pentecostés? ¿Se acuerda que tres mil personas fueron bautizadas en un día? ¿Alguna vez se preguntó cómo tres mil personas fueron bautizadas en un día? No fue solo el poder de un sermón. Vea usted que lo que pasó en Jerusalén ese día fue todo sobre lo que toda la gente se quedo hablando por siete semanas. ¿Qué es lo que todas esas cosas misteriosas significan? Entonces Pedro en ese día de Pentecostés, inspirado por el Espíritu, retiró el sello. El dijo, "Ese fue el hijo de Dios en la cruz." Esa es la razón para lo que pasó.

¿Alguna vez usted se detuvo a considerar qué central es esto para la historia humana? Todo el tiempo es medido por esto. Todo este libro, la Biblia, es su historia. Todas las historias del Antiguo Testamento apuntan a esto, un tipo de cosas que han de venir. Ahora, un tipo es una persona, lugar, o cosa en la religión hebrea que da sombra o anticipa a una persona, lugar, o cosa en el nuevo pacto. En otras palabras, era un símbolo anterior que presagia o anticipa algo aquí. Francamente, el Antiguo Testamento está lleno de hermosos tipos. Cuando uno se toma el tiempo para verlos y entenderlos, ayuda a armar la magnificente providencia de Dios y uno puede ver que la historia es la misma a lo largo de toda la historia, apuntando a la misma conclusión.

Los más hermosos tipos en el antiguo testamento son aquellos que presagian la cruz. ¿Recuerda usted la primera Pascua? Cómo la oscuridad de la plaga de la muerte de los primogénitos por todo Egipto, de seguro que presagió la oscuridad a medio día en aquel viernes como cuando un cordero fue sacrificado en cada uno de esos hogares hebreos aquella noche para que el ángel de la muerte solo pase por encima de la casa, dejando la familia sin daño. Esto marcó el escenario para la hora en la cual el Real Cordero, el Cordero de Dios, sea sacrificado permitiendo que la muerte pase solo por encima de la humanidad, otra vez.

O, ¿Qué tal aquella Arca del Pacto, la misteriosa Arca del Pacto presentada a nosotros en Éxodo 25 en el Monte Sinaí? ¿Recuerda el nombre de la cubierta del Arca del Pacto? Se llamaba, "El Asiento de Misericordia." A aquel "Asiento de Misericordia" una vez al año, el sumo sacerdote vendría al Santo de Santos con la sangre de un cordero sin mancha y esparciría gotas de sangre en el Asiento de Misericordia para que el pecado sea alejado. Pero fue en la cruz donde la misericordia verdadera fue establecida y donde, como sacrificio, la sangre del cordero perfecto no solo fue esparcida, sino fluyó para que todo pecado pueda ser alejado por todo el tiempo.

O, ¿Qué tal cuando los Israelitas se estaban quejando y renegando, y pecando contra Dios otra vez? Y Dios los echó en medio de serpientes venenosas y ellos estaban siendo mordidos y muertos. Luego, Moisés, después de orar, formo una serpiente de bronce, lo puso en un palo y lo levanto. La cura contra la muerte para gente era gratis y disponible para todos. Pero ellos tenían que hacer algo por su parte. Ellos tenían que mirar la serpiente para vivir. Pero al hacer eso ellos no ganaron la cura porque era libre para todos. Al mirar la serpiente de bronce ellos no hicieron ningún trabajo sino que tomaron acción para vivir. (Números 21) Jesús dijo en Juan 3, así justo como aquella serpiente de bronce, "Si yo soy elevado, yo levantare a todos los hombres conmigo." Yo podría darles otras dos docenas de ejemplos, pero el Antiguo Testamento es como una gran señal con una flecha que dice, "Este es el camino hacia la cruz. Este es el camino hacia la cruz."

Entonces cuando Jesús vino, el vivió para esto. El vivió para la cruz.

Desde sus días más tempranos, la cruz proyecta su sombra por encima de Jesús. Desde el mismo día en que Él vino al mundo en Belén, donde no había habitación para Él. El mensaje para Él en ese entonces fue, "No hay lugar para ti en este mundo. Tú no encontraras un lugar para quedarte aquí. Tú serás rechazado y serás hasta crucificado."

Los evangelios registran para nosotros no menos de una docena de diferentes relatos de Jesús prediciendo su propia muerte. Yo pienso en Mateo dieciséis cuando Él y sus discípulos estaban teniendo un poco de D&R (Descanso y Relajamiento) en Cesárea de Filipo. Jesús preguntó, "¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?" Después que ellos dieron las especulaciones, los comentarios en las calles de lo que otros decían, Pedro lo miró y dijo, "Tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente." Jesús dijo, "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos." Sabiendo Jesús que los hombres quienes llevarían aquello por lo que Él iba a morir entendían su propósito, dice el verso veintiuno, que inmediatamente en ese entonces les empezó a explicar a sus discípulos, como es que Él tenía que ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas en manos de los ancianos, sacerdotes, y maestros de la Ley; que Él tenía que ser asesinado y que en el tercer día, levantado a la vida.

El dijo lo mismo en Mateo diecisiete, veinte y veintiuno. En Mateo veintiséis, en la Última Cena, Él les dijo, "Estoy a punto de ser matado." En esas cortas horas, después en el huerto de Getsemaní, Él se inclinó sobre su rostro y preguntó si había otra manera. Él sabía que era este el destino por el cual Él había nacido. La cruz era aquello por lo que Jesús estuvo aquí, y siempre lo supo.

Todo el Nuevo Testamento lo refleja. Pablo dijo, "Los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura." (1 Corintios 1:22, 23) "Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado." (1 Corintios 2:2) "Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo." (Gálatas 6:14) ¿Ve usted esas tres afirmaciones? Pablo dijo, "Todo lo que sé es Cristo crucificado." Luego dijo, "Todo lo que predico es Cristo crucificado." (1 Corintios 1:23) "De todo lo que me glorifico es la cruz de Cristo, Jesús crucificado."

Amigos, vayan por la Biblia, el nuevo testamento, en cada sermón predicado por Pablo o Pedro ustedes verán, a cada uno de ellos enfocados en la crucifixión y la resurrección de Jesús. Entonces, así sea el antiguo testamento, el nuevo testamento o la Biblia entera, la cruz es central.

Años atrás en la marina royal de Gran Bretaña, en sus grandes barcos había una cuerda azul justo por el centro de la soga que sería utilizada para levantar la vela mayor, porque querían que esa soga fuera distinguible. Si necesitaban levantarla en un caso de emergencia, para escapar de un enemigo o para evitar una tormenta, ellos buscarían aquella soga con la cuerda azul que pasa justo por en medio. La cruz debería ser así. Es siempre visible y es siempre accesible. Es lo mayor, no solo en este libro, pero en una vida misma. Debería estar en el centro mismo de todo lo que hacemos; el centro de nuestro estilo de vida, el centro de nuestra vida familiar, el centro de nuestra vida en el trabajo y nuestra vida en los estudios. Si tomáramos a Jesús y su cruz fuera del centro, perdemos todo.

¿Alguna vez ha visto señales en postes que dicen, "cable eléctrico enterrado aquí"? Eso es lo que dice la señal en la cruz. Uno viene a una de esas señales, uno cava profundo y allí hay poder - una gran fuente de poder en nuestras vidas si tan solo tomamos tiempo para entenderlo. Las palabras finales de Jesús fueron "Todo está consumado." (Juan 19:30) ¿Qué está consumado? El plan divino para la redención de todo el género humano está consumado. El miedo del hombre a la muerte está consumado. El poder de la culpa está consumado. La inseguridad del mañana está consumada.

Las siguientes lecciones en estas series se enfocarán en las increíbles declaraciones que el Hijo de Dios hizo cuando estaba en forma humana. No sé de usted pero para mí no hay algo más asombroso en todo el espectro del drama divino que llamamos la cruz, que esas siete cosas que Jesús dijo. ¿Qué diría usted si usted estuviera en camino a ser ejecutado? Si fuera a ser un castigo de tortura lenta como el que Jesús recibió, ¿qué se atrevería a decir mientras usted está colgando en la cruz?

Jesús escogió las palabras que él débilmente diría en esa cruz. No fueron cualquier frase dicha por cierto mártir. Fueron declaraciones intencionales de Dios mismo para permitirnos tener cierta idea sobre la profundidad inconmensurable del significado de aquella cruz en la que él fue colgado.

    1. Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. (Lucas 23:34)
    Esas son las palabras de perdón a esa audiencia inmediata, pero extendida a muchos más que ellos.

    2. Hoy estarás conmigo en el paraíso. (Lucas 23:42-43)
    Jesús se dirigió al ladrón y le dio palabras de aceptación a un común criminal, la última persona en el mundo que usted pensaría que estaría en el paraíso aquel día. Una persona, que diferente a Jesús, estaba en la cruz por crímenes que él mismo había cometido.

    3. Mujer, he ahí tu hijo, y al discípulo (Juan), He ahí tu madre. (Juan 19:25)
    Palabras de consuelo, aún en medio de su agonía, las dulce palabras de consuelo.

    4. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Mat 27:46)
    ¿Qué significan esas palabras? Palabras de separación, separación horrible. Pero una separación que tenía que ocurrir si habíamos de vivir para siempre.

    5. ¡Tengo sed! (Juan 19:28)
    Las palabras de humanidad mostrándonos que Jesús no fue alguna clase de fenómeno, sino que era como usted y yo. El sufrió dolor, el tubo sed, el tubo hambre y entendió nuestro dolor.

    6. Consumado es. (Juan 19:30)
    Las palabras de victoria. Las más grandes palabras que se hayan mencionado.

    7. En tus manos encomiendo mi espíritu. (Lucas 23:46)
    Las grandes palabras de entrega final.
La cruz está en el corazón de nuestra fe. Es la parte central de aquello por lo que perduramos. Es la única razón por la que nos podemos reunir como una comunidad de fe.

Se me cruzó esta semana una parábola moderna que, me temo, revela el estado de muchos individuos, y en tal caso, de muchas iglesias. La parábola habla sobre una iglesia que levanto un edificio totalmente nuevo. Lo hicieron increíblemente atractivo y detrás del púlpito ellos levantaron una señal que decía, "Nosotros predicamos a Cristo crucificado." Luego, en una esquina inferior pusieron una planta, en una maceta. Uno de estos tipos de viñedos que se trepan por la pared, como decoración. Con el pasar del tiempo, el viñedo empezó a crecer y la congregación empezó a atenuarse. Después de un tiempo la planta cubrió la palabra "crucificado" y la parte que se podía leer decía, "Nosotros predicamos a Cristo." Y seguro que sí, ya no se predica la cruz sino al interesante socialmente orientado Jesús quien mostró compasión para todas las necesidades. Pero la planta siguió creciendo y la congregación se siguió atenuando y después de un tiempo solo las palabras "Nosotros predicamos," se mostraban. Eventualmente, ellos se habían olvidado de Cristo. La idea total era un evangelio humano, una religión humana que respondía a las necesidades humanas, buscando ciertas respuestas pero no la cruz. Finalmente, el viñedo continuo creciendo hasta que solo quedó la palabra "Nosotros." Yo oro para que en nuestra vida sigamos proclamando a Cristo crucificado.

Si usted se pregunta qué tanto la cruz esta en el centro de su mismo ser, responda a estas tres preguntas en su corazón hoy en día:
    1. ¿Hace la cruz que usted se ponga de rodillas en señal de agradecimiento? ¿Cae usted postrado por la cruz y da gracias a Dios por el mismo hecho que las puertas del cielo están abiertas por la cruz misma?

    2. ¿Es usted liberado de culpa por la cruz? O, ¿está usted cargando el peso de un saco lleno de culpa; no dejándola en la cruz para que esta haga la obra para la cual fue diseñada?

    3. ¿Hace la cruz que usted se rinda a Dios a diario? ¿Está usted muriendo en su propia cruz o dejando que Cristo viva en usted?

Si usted no puede contestar esas tres preguntas hoy en día así como a usted le gustaría, espero y oro para que, para cuando hayamos terminado estas series, su vida haya cambiado.
AG Lección #1250 - 18 de Febrero, 1996.

Una Crucifixión Romana

¿Qué fue lo que el cuerpo de Jesús de Nazaret soportó en realidad durante esas horas de tortura?

La misma práctica de crucifixión es tortura y ejecución por adherencia a una cruz. Estoy en deuda con muchos que han estudiado este tema en el pasado, y en especial a un colega contemporáneo, Dr. Pierre Barbet, un cirujano francés que ha hecho investigación histórica y experimental, y ha escrito extensamente sobre el tema.

Aparentemente, las primeras prácticas de crucifixión, de las que se sabe, fueron persas. Alejandro y sus generales lo llevaron al mundo mediterráneo - a Egipto y al Cartago. Los romanos aparentemente aprendieron estas prácticas de los cartagineses y (como casi todas las cosas que los romanos aprendieron) rápidamente desarrollaron un gran grado de eficiencia y habilidad en esto. Un número de autores Romanos (Livio, Cícero, y Tácito) comentaron sobre la crucifixión; y muchas innovaciones, modificaciones, y variaciones son descritas en la literatura antigua.

Por ejemplo, la porción vertical de la cruz podía tener el patíbulo (la barra transversa) adherida a treinta o sesenta centímetros bajo la parte superior, que es lo que usualmente conocemos como la cruz latina. La forma de la cruz más común en los días de nuestro Señor, sin embargo, era la cruz tau, en forma de T. En esta cruz, el patíbulo era puesto sobre una muesca (agujero o desnivel) en la parte superior de la barra vertical. Hay evidencia arqueológica que afirma que es una de estas cruces en la cual Jesús fue crucificado.

Sin ninguna prueba histórica o bíblica, pintores medievales o del renacimiento nos han dado figuras de Cristo y la cruz latina entera. Sin embargo la parte vertical de la cruz era plantada permanentemente en el suelo y la persona condenada era forzada a cargar el patíbulo, que pesaba alrededor de cincuenta kilogramos, desde la prisión hasta el lugar de ejecución.

Muchos de los pintores y la mayoría de los escultores de la crucifixión también muestran los clavos a través de las palmas. Relatos históricos romanos y trabajo experimental han establecido que los clavos eran introducidos por en medio de los pequeños huesos de la muñeca (radial y ulna) y no por las palmas. Los clavos puestos en las palmas se arrancarían de las manos por entre los dedos si fueran puestos para soportar el peso del cuerpo humano. La errónea concepción puede que haya sido generada de un mal entendimiento de las palabras de Jesús a Tomás, "mira mis manos." Anatomistas, ambos modernos y antiguos, siempre han considerado a la muñeca como parte de la mano.

Un título, o pequeño aviso, describiendo el crimen de la víctima era usualmente colocado en una plantilla, era cargado frente a la procesión desde la prisión, y después era clavada a la cruz para que se extendiera después sobre la cabeza. Este letrero clavado en la cima de la cruz le daría alguna forma característica de la cruz latina.

Pero, por supuesto, la pasión física de Cristo empezó en Getsemaní. De los muchos aspectos de este sufrimiento inicial, el de mayor interés fisiológico es el del sudor de sangre. Es interesante que Lucas, el médico, es el único en mencionar esto. El dice, "Lleno de angustia oraba más intensamente, y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra."

Todo tipo de inimaginables artimañas han sido usadas por escolásticos modernos para explicar simplificada mente esta descripción, aparentemente bajo la equivocada impresión que esto simplemente no sucede. Una gran cantidad de esfuerzo se hubiera ahorrado si los incrédulos hubieran consultado con literatura médica. Aunque es muy raro, el fenómeno de Hematidrosis, o sudor de sangre, es bien documentado. Bajo gran estrés emocional como el que nuestro Señor sufrió, capilaridades diminutas en las glándulas de sudor se pueden romper, mezclando así sudor con sangre. Este proceso muy bien pudo haber producido remarcable debilidad y un posible shock.

Después del arresto en el medio de la noche, Jesús fue luego traído al sanedrín y ante Caifás, el sumo sacerdote. Es ahí en donde el primer trauma físico fue causado. Un soldado golpeó a Jesús en la cara por mantenerse en silencio cuando era cuestionado por Caifás. Luego, los guardias del palacio lo enceguecieron cubriendo sus ojos y burlonamente lo retaron a identificarlos cuando ellos pasaban por su lado para escupirlo y golpearlo en la cara.

En la madrugada, maltratado y magullado, deshidratado, y exhausto por una noche sin dormir, Jesús es llevado al pretorio del Fuerte Antonia, el cual es asentamiento de gobierno del procurador de Judea, Poncio Pilatos. Por supuesto, usted está familiarizado con la acción de Pilatos de tratar de pasar la responsabilidad a Herodes Atipas, el tetrarca de Judea. Aparentemente, Jesús no había sufrido ningún maltrato físico en manos de Herodes y fue regresado a Pilatos. Esto fue en respuesta a la súplica de la multitud que Pilatos ordenara que Barrabás fuera liberado y que Jesús fuera condenado, azotado y crucificado.

Hay mucho desacuerdo entre las autoridades acerca del azotamiento inusual como un preludio a la crucifixión. La mayoría de escritores romanos de este periodo no asocian los dos. Muchos estudiosos creen que originalmente Pilatos ordenó que Jesús fuera azotado como todo su castigo y que la sentencia de muerte por crucifixión vino solo en respuesta a la burla de la multitud que el procurador no estaba representado apropiadamente al Cesar contra esta amenaza, quien supuestamente clamaba ser el rey de los judíos.

Preparaciones para el azotamiento se llevaron a cabo cuando el prisionero era despojado de sus ropas y sus manos eran atadas a un poste sobre su cabeza. Es dudoso que los romanos hicieran un intento de seguir la ley judía en este tema, pero los judíos tenían una ley antigua que prohibía más de cuarenta latigazos. El legionario romano da un paso adelante con un flagelo en su mano. Este es un corto látigo que consiste de numerosas y pesadas correas con dos pequeñas bolas de plomo adheridas cerca de la punta de cada correa. El pesado látigo es lanzado con todas las fuerzas una y otra vez hacia los hombros de Jesús, su espalda, y sus piernas. Al principio, las correas cortan solamente la piel. Luego, al continuar los golpes, las correas hacen cortes más profundos en los tejidos subcutáneos, primeramente produciendo canales de sangre de los capilares y venas de la sangre, y finalmente generando sangrado arterial a chorros desde los vasos de los músculos subyacentes.

Las pequeñas bolas de plomo primeramente producen grandes y profundos moretones, los cuales son abiertos por golpes subsecuentes. Finalmente, la piel de la espalda colgaba como largos listones y el área entera es una masa irreconocible de tejido destrozado y sangrante. Cuando es determinado por el centurión que el prisionero esta cerca a la muerte, la golpiza es finalmente detenida.

Jesús, a medio desmayar, es luego desatado y se le permite caer sobre el pavimento de piedra, empañado en su propia sangre. Los soldados romanos ven un gran chiste en este provincial judío que clama ser el rey. Le tiran una bata sobres sus hombros y ponen un palo en su mano como si fuera un cetro. Pero aun les falta una corona para completar su parodia. Ramas flexibles cubiertas con largas espinas (usadas comúnmente como faja para leña) son trenzadas en forma de una corona y es presionado en su cuero cabelludo. Otra vez hay gran sangrado, siendo el cuero cabelludo una de las áreas más vasculares del cuerpo.

Después de burlarse de él y de golpearlo en la cara, los soldados toman el palo de su mano y le golpean en la cabeza, haciendo que las espinas penetren más profundo en su cuero cabelludo. Finalmente, ellos se cansan de su sádico deporte y la bata es arrebatada de su espalda. Ya estando adherida a los coágulos de sangre y el suero de las heridas, el sacar la bata causa un dolor insoportable así como si una venda quirúrgica fuera arrebatada descuidadamente. Aún más, como si fuera flagelado de nuevo, sus heridas empiezan a sangrar una vez más.

Respetando la costumbre judía, los romanos le devuelven sus prendas. El pesado patíbulo de la cruz es atado a sus hombros, y la procesión del condenado Cristo, dos ladrones, y la comisión de soldados romanos encargada de la crucifixión y encabezados por el centurión empieza el lento viaje por la vía dolorosa. A pesar de sus esfuerzos de caminar derecho, el peso de la pesada barra de madera, junto con el shock producido por la copiosa pérdida de sangre es demasiado. El se tropieza y cae. La tosca barra de madera abre la lacerada piel y los músculos de los hombros. El se trata de levantar, pero sus músculos humanos ya han sido llevados más allá de su límite de resistencia.

El centurión, ansioso por cumplir con la crucifixión, escoge a un fornido observador norte africano, Simón de Cirene, para que cargue la cruz. Jesús sigue, aun sangrando y sudando frio, empapado de sudor por el shock, hasta que su viaje de casi 600 metros desde el Fuerte Antonia a Gólgota es finalmente completado.

A Jesús le ofrecen vino mezclado con mirra, una leve mixtura analgésica. El se rehúsa a tomarla. Simón es ordenado a colocar el patíbulo en el suelo y Jesús es rápidamente tirado de espaldas y con sus hombros contra la madera. El legionario siente el brazo de Jesús buscando la depresión en la muñeca. El clava el pesado y cuadrangular clavo formado de acero por la muñeca y hacia adentro de la madera. Rápida mente, se mueve al otro lado para repetir la acción con mucho cuidado de no tensionar demasiado los brazos, sino dejando un poco de flexión y movimiento. Luego el patíbulo es levantado al lugar encima del palo vertical y el título que dice "Jesús de Nazaret, Rey de Los Judíos" es clavado en su lugar.

El pie izquierdo es ahora presionado contra el pie derecho y la madera, y con ambos pies extendidos y los dedos hacia abajo, un clavo es introducido mediante los arcos de cada uno, dejando las rodillas moderadamente flexionadas. La víctima esta ahora crucificada. Mientras Él lentamente se deja caer con más peso en los clavos en las muñecas, dolor insoportable se dispara por los dedos y por los brazos para explotar en el cerebro - los clavos en las muñecas están poniendo presión en los nervios medios. Al tratar de empujarse hacia arriba para evitar este tormentoso estiramiento, Él pone todo su peso en el clavo que pasa por sus pies. Otra vez, hay una abrasadora pesadilla del clavo por los nervios entre los huesos metatarsales de los pies.

En este punto, al cansarse los brazos, grandes ondas de calambre recorren los músculos, envolviéndolos en un profundo, implacable, y vibrante dolor. Con estos calambres está la inhabilidad de empujarse a sí mismo hacia arriba. Colgando de sus brazos, los músculos pectorales están paralizados y los músculos intercostales son incapaces de actuar. Aire puede ser llevado a los pulmones, pero no exhalado. Jesús lucha para levantarse a sí mismo y poder por lo menos hacer una corta respiración. Finalmente, dióxido de carbono se acumula en sus pulmones y en su corriente de sangre, y los calambres parcialmente decrecen. Espasmódica mente, el es capaz de empujarse a sí mismo para exhalar y absorber el oxígeno dador de vida. Es indudable que en estos periodos es que Él pronunció las siete cortas frases registradas:

El primero, "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen"

El segundo, al ladrón penitente, "Hoy estarás conmigo en el paraíso."

El tercero, mirando al aterrorizado, adolescente llevado por el dolor Juan - el apóstol amado - le dijo, "He aquí tu madre." Luego, mirando a su madre María, "Mujer, he aquí tu hijo."

El cuarto clamor es del principio del Salmo veintidós, "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"

Horas de dolor ilimitado, ciclos de retorcimientos, calambres que desgarraban las coyunturas, asfixia parcial intermitente, dolor abrazador en el cual tejido es arrancado de su espalda lacerada. Él se movía de arriba a abajo contra la áspera madera soportando un gran dolor. Luego otra agonía empieza: un terrible apabullante dolor en lo profundo del pecho cuando el pericardio lentamente se llena con suero y lentamente empieza a comprimir el corazón.

Uno recuerda otra vez el Salmo veintidós, el verso catorce: "He sido derramado como el agua y todos mis huesos se descoyuntaron. Mi corazón fue como cera, derritiéndose dentro de mí."

Ahora casi todo ha terminado. La pérdida de fluidos de los tejidos ha llegado a un nivel crítico; el corazón comprimido tiene dificultad para bombear pesada y sucia sangre hacia los tejidos; los pulmones torturados están haciendo un esfuerzo frenético para obtener pequeños tragos de aire. Los remarcada mente deshidratados tejidos mandan sus flujos de estimulo hacia el cerebro.

Jesús débilmente lanza su último clamor, "Tengo sed."

Uno recuerda otro verso del profético Salmo 22: "Como un tiesto se secó mi vigor y mi lengua se pegó a mi paladar. ¡Me has puesto en el polvo de la muerte!"

Una esponja remojada en posca, un barato y agrio vino que es la bebida barata de los legionarios romanos, es levantada a sus labios. Aparentemente, Él no toma ni un poco de este líquido. El cuerpo de Jesús está hora en el extremo, y ya puede sentir el frio de la muerte pasando por sus tejidos. Esta realización trae sus sextas palabras, "Todo está consumado."

Su misión de expiación esta completa. Finalmente el escoge morir. Con un último esfuerzo, Él una vez más presiona sus pies destrozados contra el clavo, endereza sus piernas, respira más profundamente, y lanza su séptimo y último grito, "¡Padre!, en tus manos encomiendo mi espíritu."

Usted ya conoce el resto. Para que el sábado no sea profanado, los judíos pidieron que los hombres condenados sean despachados y sacados de las cruces. El método común de terminar la crucifixión era la crurifractura, la ruptura de los huesos de las piernas. Esto prevenía que la víctima se empujara hacia arriba; así la tensión no sería aliviada de los músculos del pecho y sofocación rápida ocurriera. Las piernas de los ladrones fueron destrozadas, pero cuando los soldados llegaron al lugar de Jesús se dieron cuenta que esto ya no era necesario.

Aparentemente, para cerciorarse que Jesús estuviera muerto, el legionario introdujo su lanza por el quinto inter espacio entre las costillas, encima del pericardio y hacia el corazón. El versículo treintaicuatro del capítulo diecinueve del evangelio de Juan reporta: "Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua." En otras palabras, hubo un escape de fluido de agua del saco que rodea al corazón, dando evidencia postmortem que nuestro Señor no murió de una crucifixión usual de sofocación, sino de ruptura del corazón por el shock y la constricción del corazón por fluido en el pericardio.

Así hemos tenido nuestro breve vistazo - incluyendo evidencia médica - del epítome del mal que el hombre ha exhibido contra el hombre y contra Dios. Ha sido una visión terrible, y más que suficiente para dejarnos abatidos y deprimidos. Qué agradecidos debemos ser que tenemos la gran secuela y le infinita misericordia de Dios hacia el hombre. Adaptado de - "A Physician Testifies About the crucifixión, Dr. C. Truman Davis, konnections.com/Kcundick/crucifix.htms"

David lo predijo de esta manera "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor?... Pero yo soy gusano y no hombre; oprobio de los hombres y despreciado del pueblo. Todos los que me ven se burlan de mí; tuercen la boca y menean la cabeza, diciendo: 'Se encomendó a Jehová, líbrelo él; sálvelo, puesto que en él se complacía'…He sido derramado como el agua y todos mis huesos se descoyuntaron. Mi corazón fue como cera, derritiéndose dentro de mí. Como un tiesto se secó mi vigor y mi lengua se pegó a mi paladar. ¡Me has puesto en el polvo de la muerte! Perros me han rodeado; me ha cercado una banda de malignos; desgarraron mis manos y mis pies. ¡Contar puedo todos mis huesos! Entre tanto, ellos me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos y sobre mi ropa echaron suertes… Se acordarán y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra, y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti, porque de Jehová es el reino y él regirá las naciones. Comerán y adorarán todos los poderosos de la tierra; se postrarán delante de él todos los que descienden al polvo, aun el que no puede conservar la vida a su propia alma. La posteridad lo servirá; esto será contado de Jehová hasta la postrera generación. Vendrán y anunciarán su justicia; a pueblo no nacido aún, anunciarán que él hizo esto." (Salmos 22:1-8, 14-18, 27-31)

Padre, Perdónalos

La cruz había sido levantada, la carne había sido desgarrada, colgando en puntas desde sus manos, y Jesús haciendo esfuerzos por cada respiración. No había un músculo en su cuerpo que no ardiera. Sus ojos ardían por la mezcla de sangre y sudor. Todos aquellos a quienes Él había enseñado por tres años se habían desaparecido; solo unos cuantos amigos se quedaron ahí a los pies de la cruz. ¡Ah! Pero los burlones y los injuriadores, ellos si estaban ahí; le estaban gritando "Baja de ahí, rey de los judíos. ¡Ha! ¡Qué tal salvador! ¿Salva a otros pero no se puede salvar a él mismo?" Con sus ojos borrosos, Jesús miro hacia abajo al grupo de burlones; y dejo que sus ojos se dirigieran al cielo y débilmente dijo una corta oración; "Padre, por favor perdónalos, porque no saben lo que están haciendo."

Diga usted, ¿de dónde viene esa clase de amor? ¿Podría explicar el origen de aquella fuente de perdón? Contraste aquello con nosotros. Nosotros perdemos la tranquilidad si alguien se cruza en nuestro camino cuando manejamos o si se chocan con nosotros en el mercado o si los niños no están listos a la hora debida. Miremos a Jesús. "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen."

¿Quién hubiera criticado a Jesús si hubiera dicho una palabra en su defensa? Quizá diciendo, "Soy inocente, ¿Qué hay de mis derechos?" O quizá unas palabras de crítica. "Te aseguro que te arrepentirás." Hubieran sido apropiadas. Pero no, cuando su dolor era más severo y cuando estuvo al borde de ser separado por primera vez en toda la eternidad de su Padre, ¿en quién estaría pensando? El estaba pensando en los pecados de las personas que le habían puesto los clavos de seis pulgadas por sus manos y de los que le habían escupido en la cara.

Diga usted, ¿qué clase de amor es esa? ¿De dónde viene? ¿Qué tipo de matrimonio tendría usted si usted tuviera ese tipo de amor que fue totalmente consumido por las necesidades y los deseos de alguien aparte de usted? ¿Qué tipo de cristianos seriamos si tuviéramos ese tipo de amor los unos por los otros? Nosotros nos sentimos tan molestos por lo trivial, pero por el contrario, Jesús, durante la muerte más dolorosa, injusta, e inimaginable, oró, "Padre, perdónalos, porque no saben lo que están haciendo." Esa pequeña, pero conmovedora oración es recordada por nosotros en Lucas 23:34. Es el primero de siete afirmaciones grabadas de los labios de Jesús mientras Él colgaba en aquella cruz.

Estas siete afirmaciones son más que simples afirmaciones. Ellas son como la etiqueta o el índice de las páginas de un gran cuaderno, solo una palabra o dos, pero detrás de ellas hay un volumen de información esperando ser entendida. Estos dichos en la cruz son como las señales que dicen, "Cable eléctrico enterrado aquí." Si usted cavara tan solo un poco, usted encontraría esta fuente inimaginable de poder esperando por su vida. Estas afirmaciones de la cruz resumen lo que Jesús es. Si usted los puede entender enteramente, usted entenderá el resumen encapsulado de todo lo que Él dijo y todo lo que Él hizo.

La afirmación más importante que la cruz hace es el Perdón, "Padre, perdónalos, porque no saben lo que están haciendo." Si, el estaba orando por aquellos que pusieron los clavos en sus manos y quienes lideraron el injusto juicio, pero también estaba orando de la misma manera por aquellos que en la carta de Hebreos dice lo crucificarían de nuevo.

Oí una historia de dos amigos que estaban en un bote en el océano y que el bote se hundió, pero que de alguna manera ellos llegaron a salvar sus vidas saliendo a la superficie y que estuvieron flotando por algunas oras antes que fueran recogidos por los costa guardas. Uno de los amigos que estaba flotando estuvo muy agradecido. El paraba alagando al capitán del bote, y se saludo de manos con cada miembro de la tripulación. El decía, "gracias, gracias, gracias." El otro amigo estaba medio callado. Él dijo, "Pues, ¿sabes Tom?, no deberías hacer tanta cosa por esto." Cuando llegaron a la orilla, un reportero de las noticias estaba ahí y entrevistó al primer amigo, y el primer amigo estaba llorando de gratitud. El otro amigo ni quiso ser entrevistado. El periodista miro al primer amigo y le preguntó, "¿qué le pasa a tu camarada?" Y él respondió, "Bueno, a decir verdad, él piensa que se pudo haber salvado por su propia cuenta."

Es interesante, ¿no es así? ¿Cuando uno cree que puede salvarse a sí mismo pero en realidad no eres rescatado? Yo pienso que la primera marca de un cristiano genuino, un verdadero convertido a Cristo, es el que sabe que se iba a hundir, uno que habla y se comporta en una manera que dice, "yo ya estaba para ahogarme, ya me quedaba solo la mano sobre la superficie, y estaba a punto de ahogarme en mis pecados. Jesucristo me salvó."

Lo que es triste es que, en este mundo, hay cientos de miles de amigos sentados en un banco, engreídos y orgullosos. Ellos no hablan en voz alta, sino que dentro de sí están diciendo, "A mí me va bien así, no más. Yo estoy remando más o menos." Ellos miran alrededor a otras personas que no están sentadas en sus bancos pensando, "yo soy una persona más o menos, nunca he matado, nunca he golpeado a alguien, no hablo malas palabras, no fumo, no me drogo ni ando con personas que lo hacen." Ellos como que están orgullosos de lo bien que están remando sus botes por sus cuentas.

Yo podría hacer dos preguntas a cualquiera y aprender mucho sobre su teología, aprender mucho sobre lo que piensan, sobre Jesús y sobre todas las cosas espirituales.
    1. "¿Vas a ir al cielo?" Ellos dirán "si, no, o algo así - no estoy seguro, eso espero, no lo sé" o ese tipo de cosas. De ahí uno se puede enterar de mucho.

    2. A aquellos que contestan que sí, "¿Cómo llegarán?" La respuesta numero uno que he encontrado en un cincuenta por ciento de las veces que he hecho esa pregunta es: "Pues, yo he sido tan bueno como la mayoría de gente que conozco." ¿Sabe usted lo que están diciendo?: "Estoy remando duro ese bote." Contraste aquello con lo que el apóstol Pablo dijo: "Yo soy el jefe de los pecadores. ¡Oh, que mal hombre soy!, ¿quién me sacará de este cuerpo de muerte?
Pablo dijo eso porque él entendía el perdón. Se dice de Pablo que el solo entendía dos cosas: Él sabía que estaba perdido, y sabía que había sido salvado. Cuando uno lee sus epístolas, ese entendimiento suyo se nota en cada línea. Eso es lo que cada cristiano genuino sabe. Él o ella sabe que estaba perdido, que estaba desesperado y que de repente alguien les tiro una soga.

Considere esta simple oración que Jesús dijo, "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen." ¿Qué es lo que ese perdón implica? ¿Cómo aplica a usted y a mí? ¿Cuáles son sus características?

    1. El perdón que Jesús ofreció y por el que oró en la cruz es obsequiado. "Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro." (Romanos 6:23) ¿Escuchó el contraste ahí? "La paga," ese es el salario, "es muerte," esa es la paga del pecado "pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro."Lo primero que necesitamos recordar acerca del perdón que Jesús ofreció en la cruz y que aún ofrece desde el trono del salón de los cielos es que es algo que nosotros no ganamos. Su gracia, su perdón, es un regalo.

    Permítame ilustrarle esto y demostrarle porque esto es importante. Piense ahora y excluya la salvación, la cruz o las cosas que consideramos espirituales, dadas verticalmente. ¿Cuál es el regalo terrenal más precioso que usted tiene ahora? ¿Qué es? Alguno de ustedes puede decir que es un niño recién nacido el regalo más precioso. Alguno de ustedes podrá decir que es una familia saludable el más precisos regalo. Excluyendo la salvación, el amor de mi esposa es el regalo más precioso que yo tengo. Pero si fuera a decir, "Sabes mi amor, hasta ahora me has amado por 17 años y yo aprecio mucho eso. Quiero pagarte por ese amor. A mí me encantaría tener más efectivo en este momento pero solo tengo como $1700.00. Te podría dar como $100.00 al año por todo el amor que me has dado hasta este punto. Déjame darte $1700.00. Vamos a poner esto en nuestro presupuesto ahora mismo. Te voy a pagar $25.00 por mes de aquí en adelante por el amor que tú me das." Ahora bien, ¿qué cree usted que ella hará?

    Pues, primero que nada, ella pensará que es una broma. O sea, se reiría. "¿Qué estás haciendo?" Luego, si yo presionara sobre el tema y dijera, "No, no, esto es lo que de veras quiero hacer. Quiero pagarte por ese obsequio." Ella me miraría como si yo fuera un absurdo absoluto. Amigos, eso es absurdo porque un obsequio no es algo que uno puede comprar. No es algo que uno puede ganar. Si usted lo puede hacer, no es un obsequio; se convierte en un salario, una ganancia.

    Lea Romanos 6:23 otra vez, "Porque la paga…" el salario esta adherido al pecado, es la muerte, "pero la dádiva de Dios es vida eterna mediante Jesucristo." Estoy asombrado de los millones de personas que entremezclan estos dos. Ellos piensan que el estado de perdición en el que ellos están, o la muerte espiritual que ellos va a pasar, es tan solo un mal momento o un suceso inconstante, caprichoso de un Dios gracioso, y que la salvación que ellos van a tener se lo están ganando día a día por lo buenos que son. Lo tienen exactamente al revés. Lo que ganamos es el infierno mediante cada pecado que cometemos.

    ¿Qué hace usted cuando recibe un regalo?

    Usted dice, "gracias" y luego actúa agradecidamente. Mientras más grande sea el regalo, más y por más tiempo usted está agradecido. Al tratar de pagar por un regalo:

      a. Uno insulta al dador: Dios es insultado si nosotros tratamos de pagar por el regalo de perdón porque lo estaríamos reduciendo a algo así como un siervo contratado. Lo estaríamos reduciendo a un vendedor de tienda. Lo estaríamos prostituyendo al tratar de negociar su amor, y Dios no va a ser reducido a eso. Él reacciona fuertemente a eso y siempre lo ha hecho. De hecho, eso fue lo que mucho enojó a Jesús de los fariseos. Ellos pensaban que estaban pagando por su salvación. Que lo estaban ganando. Algunas personas piensan eso hoy en día.

      Hay un mundo de diferencia entre logro y expiación. Logro es algo por lo que uno lucha para alcanzar. Expiación es algo que es dado a uno. La palabra expiación quiere decir pagar una deuda que uno es incapaz de pagar por sí mismo. Jesús ofreció expiación. Dios, el Hijo, sabe que nosotros no podemos salir de nuestro propio desorden. Así que se ofreció a sí mismo en sacrificio y en aquella cruz el pidió: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen."

      Oh, pero el espíritu humano, solo quiere ser salvado por logro. ¿Sabe usted por qué? Porque vivimos en un mundo manchado por el pecado que no funciona por expiación, opera solo por logros. De seguro que nosotros conocemos estos slogans, "Nada es gratis en este mundo" y "Se el número uno." De seguro que nosotros los hemos escuchado. Esa es la forma en la que el mundo opera, entonces nosotros queremos salvarnos por nuestras propias buenas obras. La pregunta que yo hago a cada persona que tenga esa filosofía es ¿Cuántas buenas obras son necesarias para ser salvado? ¿De cuanto es la cuota? ¿Cuál es el mínimo? Uno insulta al dador cuando uno trata de pagar por el regalo.

      b. Uno crea una relación de negocio. Si uno dice, "Mira, dame eso y yo te doy aquello." Ese es un intercambio, un trueque, una transacción de negocios. Cuando uno trata de pagar el regalo de Dios, uno reduce la relación de padre e hijo a la de empleador y empleado, y eso es muy poco comparado con lo que Dios quiere.

      Permítame ilustrarle esto. Cada mes yo hago un pago de hipoteca a alguien en Chicago al cual nunca he visto. Él o ella nunca me ha visto. Ahora, ¿tenemos una relación? Si. ¿Le importará a esta persona si tengo apendicitis? O, ¿si mi matrimonio esta en problemas? ¡No! Todo lo que le importa es que yo le pague. Es una relación pero no es profunda. Es una relación de papel. Si yo llego a un arreglo contractual con Dios, "Ahora, yo hare esto y tú me darás el cielo," entonces estoy teniendo una relación de negocios con Dios. El quiere ser mi padre, no mi empleador. Él me quiere amar y bañarme y perdonarme como un padre perfecto. Eso es lo que Él quiere.

      c. Cuando uno trata de pagar por un regalo, revela su propio mal entendimiento. Uno simplemente no tiene el concepto. El perdón es regalado.

    2. El perdón por el que Jesús suplicó y ofreció es radical. Es radical, extremo y extraordinario. El regalo es una sustitución radical. "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en él." (2 Corintios 5:21) Ese es mi verso favorito de la Biblia porque dice todo de lo que se trata la cruz. ¿Quién es ese "él" en 2 Corintios 5:21? Usted sabe quién es. Es Jesús, ¿verdad? Digámoslo otra vez poniendo a Jesús en vez de "el." "A Jesús que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en Jesús." Como una ilustración digamos que usted un día está en el juicio. Dios dice, "¿Cuántos pecados has cometido?" Usted responde con la cabeza agachada, "Pues, no muchos. Señor." Él le dirá, "Pues, piénsalo bien." "Bueno, hubo una vez en que no le ayude a la anciana que vivía al frente. Luego, hubo otra vez en la que no honré a mi padre ni a mi madre como debía. Y luego,…" El dice, "Qué tal si solo miramos los libros." El libro de su vida es abierto, y está manchado de pecado. Todo lo que usted hizo o dijo está grabado ahí, sus buenas obras como también sus pecados. A usted no le gustaría que nadie lo mirara. De pronto, Jesús entra y se para junto a usted limpio y blanco como la nieve. Recuerden, Dios hizo al que no tenga pecado que tenga pecado para que en él, nosotros podamos ser los justos de Dios. ¿Quiere usted saber que tan cristiano se verá usted ante el Padre el día del juicio? A menos que Jesús lo haya limpiado con su sangre y haya sustituido su vida por la de usted, será feo y no será bienvenido. Si la sangre de Jesús lo ha limpiado y usted se mantiene en el, Jesús estará ahí con todos sus pecados. Es una sustitución radical.

    3. El perdón es arreglado. No fue accidental o casualidad; es parte de un plan eternal. Cuando yo estaba creciendo, yo escuche mucho a esta ilustración que era usada para la cruz. Quizá usted la haya escuchado. La historia es de una persona que operaba un puente mecánico que permitía que los trenes pasaran por el puente, pero se levantava a ciertas horas para que permita que ciertos barcos puedan pasar por el rio que estaba abajo. Una vez el puente había sido levantado, pero de pronto se escuchó que un tren venía en camino. El iba a necesitar poner el puente en su posición inicial para que el tren de pasajeros pueda pasar y no sea destruido. Pero el problema fue que él había traído a su pequeño hijo de tres años al trabajo. El niño se había escapado, él se fue a buscarlo y se dio cuenta que estaba en el mecanismo del puente, en los mismos engranajes. El pequeño estaba jugando en los engranajes y ahora con tan solo minutos, el hombre no tenía tiempo para ir y recoger a su hijo y cerrar el puente. El tenía que tomar la decisión de salvar al tren con los cientos de pasajeros o mover el interruptor y dejar morir a su hijo. Angustiado por tal decisión, movió el interruptor. Nuestro Dios dio a su Hijo en la cruz para que todo el que venga a él pueda ser perdonado y salvado.

    Pues, esa es una poderosa ilustración, pero hay una parte importante de ella que no está bien para nada. Es inexacta. Vea si usted se da cuenta donde está la inexactitud. "Israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a este, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándolo." (Hechos 2:22-23)

    ¿Cuál es la falacia de esta ilustración que escuche toda mi vida? Esta es. La cruz es diferente que el ingeniero que se sienta en una planta. La cruz no fue una reacción de golpe a la rodilla de un ingeniero eclesiástico que se dio cuenta que el mundo giraba fuera de control. La cruz era parte original del programa. El plan estaba siendo formulado en el minuto en que Eva hundía sus dientes en la fruta. El plan estaba ahí antes que Jesús viniera a la tierra, que fuera nacido o crucificado. La sombra de la cruz se asomaba con cada paso que Jesús tomó.

    ¿Alguna vez se detuvo a pensar que Jesús fue el que le puso vida a la semilla que se volvió árbol del cual la cruz fue formada? Jesús fue el que puso el hierro en la tierra de donde se formaron los clavos. Jesús fue el que inspiró vida en el embrio que sería llamado Judas en el vientre de su madre, quien vino y lo traicionó. (Colosenses 1:15,16)

    ¿Qué habrá sido planear su propia ejecución? No lo sé, no tengo ni la menor idea, pero no fue un accidente. Yo se que él sabía desde el principio que la única forma en que su novia fuera vestida en blanco y que viviera para siempre en el cielo era que el muriera por sus pecados. Amigos, sabiendo esto, entiendo mejor por qué el miraría hacia abajo desde la cruz habiendo siempre sabido que él iba a colgar ahí y decir: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que están haciendo." Vea usted que el amor que ofreció esa oración vino del salón del trono del cielo donde el amor tiene su origen. La cruz y el perdón no fueron accidentes. Fueron arreglados.

    4. El perdón es continuo. Yo le diré algo interesante sobre esta oración de Jesús: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que están haciendo." El tiempo imperfecto del verbo es usado, indicando una acción repetida en el tiempo pasado. Entonces, en otras palabras más literales, la traducción es que Jesús siguió diciendo, "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen." ¿Puede usted ver esto? Aún lo puedo ver repitiendo esta frase las seis horas y entre cada afirmación: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que están haciendo."

    Qué apropiado, porque aunque su sacrificio fue de una vez por todas, el perdón que sale de esa cruz es perpetuo. 1 Juan 1:7 dice, "Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado." A mí me encanta esa palabra "todo," ¿a usted no? Una pequeña palabra, pero quiere decir tanto - que nos limpia de todo pecado - todo nuestros pecados antes que viniéramos a Cristo en bautismo, todo nuestros pecados después si caminamos en la luz.

    Dos versos más adelante "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad." (1 Juan 1:9) Luego, en unos versos más adelante Juan dice, "Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis. Pero si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo, el justo." (1 Juan 2:1) Yo quiero que vea como cristiano, si estamos dispuestos a caminar en el amor y la voluntad de Jesús. No en rebelión a su voluntad, alimentando el pecado, tratando de ocultarlo en algún closet lejos de Dios, sino confesando abiertamente nuestras deficiencias y equivocaciones. Entonces nosotros somos perdonados continuamente. Nosotros seremos limpiados diariamente para que estemos limpios y nos quedemos blancos. Entonces Dios nos dejará entrar.

    5. El perdón es ejemplar, un patrón a ser imitado. Jesús nos da poder para perdonar a otros que nos rodean. "Antes sed bondadosos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo." (Efesios 4:32) La clave para vivir una vida perdonadora hacia otras personas es darse cuenta del perdón para uno que sale de la cruz. Personas perdonadoras perdonan personas. No hay excepciones.

    Quizás el siguiente acróstico le ayudará a recordar el regalo de la gracia de Dios.
      G-ratificado
      R-adical
      A-rreglado
      C-ontinuo
      I-ncesante
      A-seguir
Nosotros aceptamos ese obsequio cuando venimos a la cruz. Las escrituras nos dice cómo. Dios no nos hace trepar montañas o correr maratones. Lo que nos dice es simplemente, "Yo quiero que pongas tu confianza en Cristo, que vengas a esa cruz en fe, que creas que Jesús, Dios en carne, murió en aquella cruz por ti, que confieses esta creencia frente a los hombres, mueras a tus pecados y que seas enterrado con él en las aguas del bautismo. Ahí te daré una nueva vida libre de pecado habiendo sido lavado por la sangre de Cristo."
AG Lección #1251. 25 de Febrero, 1996.

El Poder Para Perdonar

"Llevaban también con él a otros dos, que eran malhechores, para ser ejecutados. Cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, lo crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: 'Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.' Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes. El pueblo estaba mirando, y aun los gobernantes se burlaban de él diciendo: 'A otros salvó; sálvese a sí mismo, si este es el Cristo, el escogido de Dios.' Los soldados también se burlaban de él, y se acercaban ofreciéndole vinagre y diciendo: 'Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo.' Había también sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: 'Este es el Rey de los judíos.' Uno de los malhechores que estaban colgados lo insultaba diciendo: 'Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.' Respondiendo el otro, lo reprendió, diciendo: '¿Ni siquiera estando en la misma condenación temes tú a Dios? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; pero este ningún mal hizo.' Y dijo a Jesús: 'Acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino.' Entonces Jesús le dijo: 'De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.'" (Lucas 23:32-43)

Al tener una visión de la escena de la crucifixión, ¿con cuál de los personajes se identifica usted fácilmente? Al observar sus rostros, ¿habrá algo que lo recuerde a usted? Para algunos de nosotros, puede que la respuesta sea Pedro. Uno hace afirmaciones y promesas de lealtad, para que después no tengan algún valor. Puede que uno este luchando con la culpa y la frustración preguntándose a sí mismo: ¿Podrá Dios perdonarme por no mantenerme firme otra vez? Quizá, uno se identifique con Pilatos. Piense que para Pilatos la palabra perfecta es "Casi," ¿verdad? El casi dejó ir al Hijo de Dios. El casi hizo lo correcto. Quizá la vida de uno esté envuelta con la palabra "casi." Uno "casi" se volvió cristiano. O, "casi" vivió una vida espiritual. "Casi" vivió una disciplinada existencia.

Quizá uno se identifique con María. A mí me parece que hay muchas Marías, ambos, mujeres y varones, fieles, leales, verdaderos, a veces tristes o a veces confundidos. O, quizá alguien se identifica con Juan. Ahí está presente pero tímido, en silencio, asustado. Fuera de ese lugar nadie sabe que él es discípulo de Jesús.

Al observar a todo el elenco de personajes en la crucifixión, ¿con quién se identifica? Entre todos esos personajes, yo sugiero que hay uno con quien cada uno de nosotros que estamos en Cristo se puede identificar. Él es el enfoque de nuestro estudio. A usted no le va a gustar esto, pero todos nosotros los cristianos nos identificamos con el malhechor crucificado. Así como él, estamos colgando de la cruz al lado de Jesús. Así como él, hemos mirado con fe y hemos hecho el pedido más inimaginable posible. Y así como él, hemos recibido lo que Pablo llama "el regalo indescriptible" de salvación.

¿Qué es lo que la escena del ladrón crucificado nos dice? ¿Qué es lo que nos muestra? Solo dos cosas básicas, pero son las dos más importantes lecciones que un ser humano pueda aprender. El valor inconmensurable de una persona y la inconmensurable profundidad del amor de Dios. Es una historia hermosa, y en muchas maneras es una historia misteriosa. Por generaciones, la historia del ladrón crucificado ha sido una controversia para algunos sobre cómo una acepta la gracia de Dios hoy en día, sobre cómo uno se vuelve cristiano. Amigos, esta historia no se ha grabado para ese propósito. Todo esto ocurrió antes que hubiera cristianos, antes que Dios estableciera su Iglesia. La razón por la que este relato pasó a la historia es para mostrarnos tan gráficamente, como en cualquier otra página de la Biblia, esas dos poderosas lecciones: el inconmensurable valor de una persona y la inconmensurable profundidad del amor de Dios.

Las siete declaraciones que Jesús hizo en la cruz resumen su vida entera y su misión como etiqueta o como página de índice en un gran cuaderno. Uno voltea la hoja y encuentra un volumen de material detrás de cada etiqueta.

1. El valor inconmensurable de una persona. Nosotros vemos a Jesús tratando a ese malhechor crucificado de la manera en la que trataba a la gente durante todo su ministerio. Esa gente indefensa y que lo miraban con fe. Por ejemplo, el mostró el mismo cuidado y gracia mucho antes cuando él terminó de dar el Sermón del Monte. Mateo nos dice en su evangelio, el capítulo 8, que él estaba rodeado de un grupo de gente hablando cuando de pronto la gente se esparció como un grupo de cucarachas que acaba de ver un rayo de luz. Alguien gritó con todas sus fuerzas, "¡Leproso!" Y de seguro que sí, ahí estaba una masa de humanidad, una herida caminante, un dolor que escose, quizá sin brazo, quizá sin nariz. Yo le puedo asegurar, que ese hombre no tenía otra cosa, excepto una final desesperada súplica. El leproso levantó la mirada y dijo, "Señor, si quieres, puedes limpiarme."

Vea, que el leproso tenía exactamente lo que el ladrón crucificado tenía. Nada excepto una desesperada súplica. ¿Recuerda lo que Jesús le hizo al leproso? Jesús se le acercó y lo tocó. Puso sus manos en una de esas heridas abiertas, sangrantes. Ahora, usted tiene que ver a Pedro y a Juan que están por los arbustos mirando lo que pasaba y gritando, "¡No, no maestro, maestro, no, no lo toque!" ¿Por qué lo hizo? ¿No pudo haber sanado al leproso sin tener que tocarlo? ¡De seguro que sí! ¿Por qué lo hizo? Él nos estaba enseñado el valor inconmensurable de una persona.

Amigos, un ser humano tiene valor porque él o ella es humano. Ahora, el mundo no entiende eso. El mundo nos enseña que tenemos valor de acuerdo a cómo nos vemos, lo que podemos hacer o lo que tenemos en nuestra cuenta de banco. Ahora, si tomamos todas esas cosas y las ponemos juntas tendríamos el sistema del valor del mundo. Dios dice, "¡No!, tú tienes valor solo porque tú eres hecho a mi propia imagen, inimitable en toda la creación."

Jesús le enseño lo mismo a la mujer adúltera en Juan 8. ¿Recuerda usted la historia? Ella no tenia donde pararse. Ella había sido atrapada en el acto de adulterio. Ella no tenía defensa. Podríamos decir que era culpable de pecado. Pero cuando sus ojos se encontraron con los ojos de Jesús, ella no vio el odio y la agresividad que encontraba en otros ojos. Ella lo miró con una súplica en sus ojos, y él le perdonó la vida.

Y así las historias siguen en el evangelio, la mujer samaritana, Zaqueo en el árbol y el ciego Bartimeo. Así que no debería sorprendernos cuando vemos a este hombre que murió junto al Cristo. Es interesante que nosotros no sepamos mucho acerca de este ladrón, ¿o sí? No sabemos su nombre, su pueblo, a lo que se dedicaba, o lo que sabía acerca de Jesús. Algunos han especulado que era un patriota. Uno de esos zelotes judíos que estaba tratando de echar a la armada romana fuera de su tierra. A decir verdad, lo dudo. Lo dudo porque si eso fuera cierto, de seguro que Lucas nos lo hubiera dicho. Y si no hubiera sido Lucas, algún otro historiador en algún lugar nos lo hubiera mencionado.

No, yo pienso que tenemos que enfrentar el hecho que este hombre colgado al lado de Jesús era tan solo un malhechor. Era solamente un ladrón. Es más, juzgando por la severidad de su sentencia, el debió haber sido lo peor de lo peor. El era un criminal habitual y para morir en una cruz romana por robo, hubiera sido demasiado severo. No se puede decir cuántas otras atrocidades pueda que él haya cometido. Y alguien diría, "Bueno, si él fue así de malo, ¿qué es lo que Jesús está tratando de enseñarnos?"

2. La inconmensurable profundidad del amor de Dios.

Deje que su mente vuele de regreso a esa cruz en el cerro que llamaron "Gólgota," o el lugar de la calavera. Este lugar era estéril y se veía como un cráneo. Era un lugar en el cual muchos cráneos habían caído. Ahora, imagine que usted está en la multitud al pie del cerro mirando hacia arriba a la silueta de esas tres cruces. Usted se acerca un poco para ver el rostro de aquel que la gente llama criminal. El que eventualmente pediría perdón.

Al mirarlo, su rostro esta gris, encenizado, y agotado por el mucho tiempo que ha estado en prisión. Sus ojos están hundidos y la desesperación ha destruido cualquier sentido de cualquier alegría en su vida. Él ya lo ha dado todo por vencido. En su mente está el pensamiento, "Ya acabemos con todo esto." Así que esta colgando en la cruz, a pocos momentos de la culminación de su vida.

Pero entonces mira al hombre que está crucificado junto a él. El hombre del medio, el hombre que sobre su cabeza tiene la placa que dice: El Rey de los Judíos. No sabemos si este malhechor ha visto antes a Jesús, quizás sí. Quizá haya visto un milagro, quizá vio a Jesús amar a los no amables, quizá haya visto a nuestro Señor tratar a la escoria de la tierra como a la sal de la tierra, quizá haya oído una de sus enseñanzas, o quizá todo lo que sabía de Jesús era lo que estaba viendo en ese momento, un carpintero crucificado cuyos pulmones jadeaban por aire y cuya piel estaba destrozada y sangrando. Pero al mirar a este hombre junto a él, había algo sobre este hombre que fascinaba al ladrón. ¿Por qué estaba este tipo tan sereno? ¿Por qué estaba él tan sorprendente mente en silencio mientras todo el resto lo estaba ridiculizando? ¿Por qué no grita de dolor como lo hace cualquiera que está en la cruz? Luego algo sorprendente empieza a pasar.

Este malhechor, este ladrón empieza a olvidarse de sí mismo. La intensidad de su dolor es momentáneamente reducida, el ardor de los clavos es olvidado momentáneamente y se da cuenta que no puede quitar la mirada a este hombre. El siente una emoción que no ha sentido en quien sabe cuánto. Se encuentra a sí mismo preocupado por el Mesías. Se queda atrapado preocupado por este hombre. Un malhechor insensible, ya era tanto desde la última vez que algo le importó. Se siente extraño, pero el sentimiento está ahí.

Hay una interrupción. Hay una voz como la de una bocina de alarma que interrumpe su tren de pensamientos. Viene del otro malhechor, el tipo que esta crucificado al otro lado. La voz es más amarga y es fea. Vea usted que alguien más ha estado mirando a Jesús. Este criminal no ha estado mirando a nuestro Señor con ojos de compasión y preocupación. Lo ha estado mirando con los alocados lentes del cinismo.

¿No es algo increíble cómo dos personas pueden estar tan cerca a Jesús, teniendo virtualmente las mismas circunstancias, y aún así tener dos perspectivas totalmente distintas? Alguna vez ha sido sorprendido al ver cómo uno de ellos puede acercarse absolutamente comprometido a seguir al Señor y el otro rechazándolo totalmente y aún siendo sus circunstancias tan similares? Yo nunca lo he entendido completamente, pero este es un ejemplo clásico. Uno se siente forzado a pedir lo imposible por fe, y el otro solo quería unirse a las burlas de la multitud. "Si tu eres Cristo, sálvate a ti mismo. ¡Ah, y de paso nos salvas a nosotros!" Era otra lanza verbal. Luego, hay silencio nuevamente. El libro de Hechos muestra ejemplos múltiples de aquellos que vienen a Cristo y las necesidades más básicas de las que ellos eran conscientes. Pero todo está encapsulado aquí, más claro que en cualquier otro lugar lo pueda haber visto.

    1. Él llegó a la conclusión que estaba manchado. El se dio cuenta, reflexionó y dijo, "De veras, yo merezco lo que estoy recibiendo." Él no sólo pensó que era un pecador. El diría respirando dificultosamente, "Yo soy un mega pecador. Yo me merezco colgar de esta cruz. Yo merezco morir."

    2. Él llegó a la conclusión que Jesús era absolutamente puro. El dijo, "Pero este hombre no ha hecho nada malo." El malhechor dijo, "Yo soy culpable. Dios es inocente. Yo estoy equivocado. Él está en lo correcto. Yo estoy perdido, pero él es el salvador." El malhechor dijo sobre él y su amigo en el otro lado, "nosotros estamos aquí porque lo merecemos, pero él no."

    3. Jesús tiene el poder de incorporarnos en su reino que trasciende esta vida. Ese ladrón supo que le quedaba poco tiempo y al saber que estaba muriendo, levantó la mirada y dijo, "Maestro, ¿me recordarás cuando vengas en tu reino?"

Para este entonces Jesús ha volteado su cabeza hacia el ladrón y no puedo evitar preguntarme si a pesar de su dolor, Jesús ha podido ofrecer una leve sonrisa al tomar a esta oveja perdida, golpeada y herida que viene cojeando al redil. Esa oveja miró al pastor y le dijo, "¿Puedo entrar? No lo merezco, pero ¿puedo entrar? Maestro, ¿podrías recordarme cuando vengas en tu reino?" El buen pastor miró a la oveja y dijo, "Entra. Hoy, tu estarás conmigo en el paraíso." El inconmensurable valor de un humano, la inconmensurable profundidad del amor de Dios.

Yo me pregunto si aquel crítico ladrón esperaba realmente que el otro se le uniera. A la miseria le encanta la compañía. Pero en cambio, la cosa más remarcable sucede. El otro malhechor hace totalmente lo opuesto. Yo no sé cuanta gente escuchó lo que le dijo a Jesús. Me refiero a la gente en el suelo, los soldados, María y los otros. Pero lo que si le garantizo es que quien sea que haya oído se debió haber quedado perplejo. "¿No le temes a Dios?" Dijo el ladrón. "Como tú estás bajo la misma sentencia, nosotros estamos castigados justamente. Nosotros estamos recibiendo lo que nuestros actos merecen pero este hombre no ha hecho algo malo." ¿No puede ver al soldado mirando hacia arriba, y María limpiándose una lágrima de los ojos y mirando la cara de aquel ladrón? Quizá hasta haya habido ángeles en el cielo murmurando, "¿cuándo fue la última vez que este tipo dijo algo en defensa de alguien?"

Pero aquí está, desempeñando quizá el acto más noble grabado en las Escrituras, cuando nadie puedo salir en defensa de Dios, cuando casi todo el resto le mostró la espalda, cuando hasta los ángeles estaban llorando y los demonios del infierno estaban danzando porque ellos pensaron que habían matado al Hijo de Dios. Tomó que un malhechor, alguien rechazado y de ínfima vida, se pusiera de pie en defensa de Dios y al hacerlo en el mismo atardecer de su existencia salvó todo en su vida.

Pedro, el que nunca lo hubiera negado, estaba escondido quién sabe dónde. Pilatos, el autoritativo, se había lavado las manos ya mucho antes. La multitud se había vuelto inconstante, los discípulos se habían corrido, pero un malhechor sin siquiera saberlo, comparte con nosotros las tres cosas que uno debe saber y creer de corazón si uno está listo para venir a Cristo. ¿Qué necesito saber para volverme cristiano? ¿Qué necesito entender? Amigos, uno nunca deja de entender, es difícil. ¿Dónde uno marca la línea final?

    Las palabras de la canción Bajo la Cruz de Jesús resumen esta lección:
    Bajo la cruz de Jesús,
    mi ojo a veces puede ver
    la misma forma de uno que muere,
    que sufrió ahí por mí;
    y desde mi agobiado corazón con lágrimas
    dos cosas increíbles yo confieso:
    las maravilla del amor redentor
    y de lo indigno que soy.

Excepto que nosotros no somos indignos a los ojos del salvador Dios.
AG Lección # 1252. 3 de Marzo, 1996.

Palabras de Consuelo y Lealtad

Escritores de los cuatro evangelios, Mateo, Marcos, Lucas, y Juan, registraron las palabras que Jesús habló cuando estaba colgando en la cruz - siete declaraciones en total. La tercera es quizá la escena más conmovedora y la más tierna de todas las escenas que tenemos del calvario. Esta es la escena cuando Jesús mira a su madre y le dice "Mujer, he ahí tu hijo," y luego a Juan, el discípulo amado, "he ahí tu madre." Esta es una escena hermosa y conmovedora de consuelo y lealtad.

"Cuando los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. Entonces dijeron entre sí: 'No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será.' Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura, que dice: 'Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.' Y así lo hicieron los soldados. Estaban junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María mujer de Cleofás, y María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: 'Mujer, he ahí tu hijo.' Después dijo al discípulo: 'He ahí tu madre.' Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa." (Juan 19:23-27)

Había cuatro soldados que crucificaron a Jesús quienes dividieron su ropa en cuatro partes. Pero para ayudarnos a entender el patrón de los que está sucediendo, regresemos un poco en la historia y miremos un poco de las costumbres judías sobre ropas como también las costumbres romanas que rodearon la crucifixión.

Un hombre judío usualmente vestía cinco piezas de vestido. Primero que nada tenían una prenda en la cabeza, quizá un turbante o algún tipo de ropa. Usted ha visto figuras en su televisión antes de los tipos de vestimenta para la cabeza que la gente del lejano oriente y del medio oriente usa para mantener su cabello ordenado y en lugar. Es una prenda tradicional que ha sido vestida por siglos.

Luego, el hombre judío tendría un tipo de calzado, usualmente una sandalia de cuero. Una tercera pieza de vestido sería una larga bata, generalmente con una raja a los lados en la parte inferior. Colgaría hasta cerca de los tobillos y sería una vestimenta de encaje suelto.

La cuarta pieza de vestimenta era su faja o su correa como nosotros lo llamaríamos. Era u otra pieza de tela o una pieza de cuero usado para amarrar alrededor de la cintura. Esto evitaba que la vestimenta exterior se volara, pero aún permitía que se fuera suelta. Finalmente, un hombre judío vestía una ropa interior. En el caso de Jesús, era entero hecho de una sola pieza de tela tejida de arriba abajo.

Por costumbre, esa ropa interior era hecha por una madre y dada a su hijo cuando llegaba a la madurez, cuando llegara a su propia adultez. Lo más probable es que eso fue lo que María había hecho con Jesús. Ahora, recuerde esto porque tomará un papel en un momento.

Los romanos también tenían sus costumbres con respecto a la crucifixión. Siempre había cinco soldados romanos asignados a la función de crucifixión. Cinco tenían la responsabilidad de poner los clavos y poner la cruz en posición. Pero después que la cruz estaba en la posición de pie y vertical, formaban algo como un puesto de guardia de cuatro esquinas. Si había algún tipo de amenaza, entonces ellos eran los encargados de proteger la victima que estaba en la cruz para morir una muerte dolorosa.

El soldado que era responsable por los otros cuatro era el centurión. Él estaba supervisando la crucifixión. Uno de los beneficios que les tocaba a los soldados es que ellos e podían dividir lo que sea que quedara de ropa que la víctima estuviera vistiendo aquel día. Eso era lo que estaban haciendo con la ropa de Jesús mientras el colgaba ahí desnudo y humillado. Ellos estaban dividiendo la ropa de Jesús al azar.

El problema era que Jesús probablemente tenía cinco piezas de ropa pero solo había cuatro soldados. Aparentemente, el centurión no se involucraba en esta actividad. Por eso que uno tomó la pieza para la cabeza, uno tomó sus sandalias, uno tomó su bata, y uno tomó su correa. ¿Pero quién se quedaría con su ropa interior? ¿Cómo decidirían? Juan nos dice que usaron la suerte para decidir quién se quedaría con esa quinta pieza. Podríamos decir que estaban tirando dados para saber quién se quedaba con la ropa interior. Sin duda ellos no lo sabían, pero Juan nos dice que en realidad ellos estaban cumpliendo una profecía de David, grabada en Salmos 22:18.

Así que con ese tipo de antecedente en lugar, sabiendo las costumbres con las que los hombres judíos se vestían y sabiendo algo de las costumbres de los soldados romanos cuando ellos crucificaban a sus víctimas, regresemos a la escena y veamos si tiene un poco más de sentido.

Había otros presentes en la crucifixión además de los soldados que crucificaron a Jesús y del montón de burlones que le estaban gritando insultos. Por lo menos uno de sus discípulos que lo habían dejado retornó. Juan estaba con María y por lo menos otras tres mujeres. Debió haber habido algo ciertamente peligroso para esas mujeres al estar alrededor de la cruz de Jesús. Después de todo, el que un hombre sea considerado semejante criminal como para que el gobierno romano lo considere merecedor de ser crucificado, hace que este hombre sea el tipo de persona al cual uno no se quiera acercar por miedo a que algo malo le pase. Porque, ¿no es por eso que los otros discípulos huyeron? Aún después que Jesús fuera resucitado y ascendido al cielo, ¿no es cierto que los apóstoles todos se juntaron en un cuarto en Jerusalén asustados de salir por miedo a que les pueda pasar lo mismo?

Aún así estas mujeres estaban ahí por su amor y devoción a Jesucristo, sin importarles realmente el peligro en potencia. ¿Quiénes eran esas otras mujeres? Una de ellas era María, la esposa de Cleofás. Ahora, no tenemos ni idea de quién era ella excepto que era la esposa de Cleofás. No tenemos otra información sobre ella, pero ella era una que amaba a Jesús.

Otra mujer era, de acuerdo a lo que dice Mateo, la madre de los hijos de Zebedeo, Juan y Santiago; de acuerdo a Marcos, Salome; y de acuerdo a Juan, la hermana de la madre de Jesús. Entonces, Juan y Santiago eran primeros primos de Jesús. ¿Recuerdan ustedes algo de Salome, algo que ella había hecho anteriormente en el ministerio de Jesús? Ella fue la que vino a Jesús y le dijo, "Señor, cuando establezcas tu reino, quiero que des tronos a mis hijos, uno a tu derecha y otro a tu izquierda." La respuesta de Jesús fue un rechazo cariñoso por no ser ese tipo de ambición egoísta la manera en que el reino iba a ser. Es más, Salome no tenía idea de los tipos de problemas que vendrían y el precio que sería pagado por sus discípulos más adelante.

La tercera mujer es identificada como María Magdalena, la mujer de quién Jesús había sacado malos espíritus. Ella estaba tan agradecida por lo que Jesús había hecho que ella nunca lo olvidaría. A ello no le importó que hubiera peligro en la cruz. Ella amaba a su señor y ella nunca podía perder su gratitud por lo que Jesús había hecho por ella. Así que ella está ahí a los pies de la cruz.

Pero después hay otra mujer mencionada, y en realidad ella es mencionada primero aunque nosotros la mencionemos después. Era su madre María. Aunque María había estado ahí todo el tiempo, ella es mencionada a nosotros con el ropaje interior del cual leímos un momento atrás. Mire nuevamente el texto y la verá después que el ropaje interior es mencionado; es en ese momento cuando la vestimenta está siendo sorteada que Jesús habla a su madre. Aparentemente cuando los soldados tocaron esa parte de la ropa, ellos tocaron algo que era muy querido y cercano a su corazón como también al corazón de su madre porque muy probablemente ella había hecho esa vestimenta para Jesús. No es raro entonces que mientras los soldados estaban sorteando ese ropaje interior, él se dirigiría a su madre.

Quizá María no podía entender todo lo que estaba pasando en ese entonces. Yo lo dudo. Pero ella si era capaz de amarlo; después de todo, ese era su hijo - era su primogénito. ¿Hay algo como el amor de madre en el mundo? Yo no creo que haya. ¿Puede usted imaginar lo que María debió haber estado experimentando al estar ahí a los pies de la cruz, viendo a su hijo, su primogénito, colgado, sangrando, sufriendo, esforzándose por cada respiración? Él era el que fue concebido por el Santo Espíritu que el ángel dijo sería llamado el Hijo de Dios. Usted pensaría que ninguno querría estar ahí y mirar eso, pera esa era su madre y él era su niño. Ella tenía que estar ahí, es lo más natural del mundo para ella estar ahí por más doloroso que fuera. Jesús puede que sea un criminal a los ojos de la ley, pero Jesús era aún su hijo.

Piense en todas las cosas que María había visto, todas las cosas que ella había oído, y todas las cosas que ella había experimentado hasta este punto. Cuando Jesús tenía solo ocho días de edad, ¿se acuerda que ella y José lo llevaron al bebé Jesús al templo? Lo iban a dedicar, y era tiempo para su circuncisión. Lo llevaron al tempo donde Simeón, un piadoso viejo sabio a quién el Espíritu Santo le hizo la promesa diciendo "Simeón, tu no morirás hasta ver al Mesías." Al ver a Jesús Simeón se dio cuenta que la promesa había sido cumplida. Era el Hijo de Dios. "Los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: 'Este está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha (y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.'" (Lucas 2:34-35)

¿Cree usted que maría tenía alguna idea de lo que Simeón estaba hablando cuando Jesús tenía ocho años de edad, cuando él le dijo a ella, "y una espada traspasará tu misma alma?" Yo lo dudo muy seriamente. Pero ella vivió para ver que sus peores miedos se vuelvan realidad. Ella vivió para ver a su hijo, quien vino a dar su vida por todos, ser atravesado con una espada por su costado. María vivió para ver el día cuando ellos pusieron los clavos en sus manos. Ella vivió para ver el día cuando pusieran esa corona de espinas en su frente. Ella vivió para ver el día de su última respiración. Le costó grandemente someterse a la voluntad de Dios, ¿no? Piense en todos los varios incidentes que debieron haber estado pasando por su mente al estar ella ahí a los pies de la cruz y ver a Jesús morir. Ahora había llegado la hora en que el último plan de Dios tenía que pasar a su primogénito. Jesús sería un mártir y el moriría por los pecados de el mundo entero.

Noten algo más sobre María. Es fácil perdérselo. Dice que María estaba ahí. Estaba de pie. Ella no desmayó, no cayó. Por fuera ella era la misma mujer calmada quién había recibido el saludo del ángel unas tres décadas atrás. Ella le dijo al ángel, "He aquí la sierva del Señor, que sea conmigo de acuerdo a su palabra." María aún mostró ese mismo tipo de fuerza. Así que hasta este día ella entró en el gran sufrimiento de su hijo y ella bebió la entera amarga copa.

Debió haber sido un shock para toda esa gente que escuchó a Jesús gritar, "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" Que shock para más doloroso debió haber sido; pero no rompió el corazón de otro más que el corazón de María. Ella estuvo ahí y escucho todo eso. Nunca el dolor se presentó en otra forma más conmovedora que como la vemos en la vida de María. Pero aún a pesar de todo su dolor amargo, ¿por quién está Jesús preocupado? Está preocupado por su madre, ¿no? Viéndola parada ahí con Juan a su costado le dijo a su madre, "querida mujer, he ahí tu hijo." Ahora, de seguro que esa era la forma de Jesús de decir a ella y a Juan, que Juan ahora tomaría responsabilidad por María. La vida terrenal de Jesús estaba a punto de terminar y alguien tenía que encargarse de ella. Aunque ella era fuerte, ella iba a necesitar apoyo. Juan era en quién Jesús confió para que provea ese apoyo.

Quizá suene un poco extraño, pero no había nadie de la inmediata familia de ella para ayudar. ¿Por qué era que Jesús tenía que darle la responsabilidad a Juan? Aparentemente, José, su esposo, había muerto. No sabemos eso de seguro, pero no tenemos ninguna mención del nombre José después que Jesús tenía doce años de edad. Así que María es probablemente una viuda. Jesús no podía pedir que vinieran algunos de sus hermanos a encargarse de su madre porque aunque ella creía en él, Juan nos dice que ninguno de sus hermanos aún creía que Jesús era el Cristo. Aparentemente, ninguno de ellos estaba cerca, ellos estaban lejos. Puede que no hayan estado ahí para nada. Así que él mira a Juan, su amigo querido, y dice, "Juan, cuida a esta mujer, ella es tu madre."

La biblia nos dice que todos sus discípulos abandonaron a Jesús. Pero Juan estaba cerca a la cruz, estando de pie a los pies esta. Quién sabe donde estarían los otros once o diez. Judas se había matado, los otros diez se estarían escondiendo en algún lugar, pero Juan estaba leal junto a Jesús. Jesús sabía que podía confiar en Juan. Así que como Juan estaba parado junto a María, la madre de Jesús, Jesús le dice a Juan, "Juan, yo sé que puedo confiar en ti. Tú me eres fiel, y tú serás fiel a mi madre como lo has sido conmigo. Quiero que la cuides." Que alago fue ese para Juan. Significaba más que proveer un techo sobre la cabeza de ella; significaba tomar responsabilidad de ella. La última vez que María es mencionada en el Nuevo Testamento es en el libro de Hechos cuando ella estaba en la presencia de los otros discípulos que estaban esperando por el regalo del Espíritu santo, pero la Biblia nos dice que ella estaba ahí con Juan. Así que Juan estaba viviendo la confianza que Jesús puso en él.

Es una historia poderosa; es solo parte de la historia, esa fue solo una de las siete declaraciones. Hay tanta riqueza en esta escena de la muerte de Jesucristo. Pero tratemos de hacer tres breves aplicaciones de esto:
    1. La gracia es brindada a aquellos que fracasan. Si hay algo en la vida de Juan que el querría regresar y volver a hacer, hubiera sido el tiempo en el que él también, como todo el resto, abandonó a Jesús. Pero no podía rehacer eso.

    No está usted contento que cuando Juan cometió el error, el Señor no dijo, "Bueno Juan, tu tuviste tu turno, pero lo arruinaste, ahora siéntate. Ya perdiste." Su gracia fue más que suficiente para Juan y aceptó a Juan de nuevo y hasta le dio esta bendita responsabilidad de cuidar a su madre. Amigos, cuando uno falle - y no que solo usted falle, sino que todo fallamos y lo hacemos - regrese a Jesús como lo hizo Juan porque nuestro Señor es un Señor misericordioso y que nos va a aceptar y nos va a restaurar.

    2. Las relaciones de sangre son más fuertes. Mediante las aguas del bautismo uno se pone en contacto con la sangre de Jesucristo. Cuando uno confiesa sus pecados, expresa su creencia en Jesucristo, y es enterrado en las aguas del bautismo para perdón de los pecados, nosotros somos recogidos, resucitados de esa agua como nueva creación. Nos volvemos cristianos. Nos volvemos hermanos y hermanas con todos y con el Señor Jesucristo. Una nueva relación es formada al ser nacidos de agua en una relación aún mucho más preciosa y mucho más poderosa que nuestras relaciones de sangre comunes. Nosotros que hemos sido lavados en la sangre de Jesucristo en las aguas del bautismo sabemos frecuentemente, las relaciones de sangre con Cristo son más fuertes.

    3. Nunca olvides tu deber de honrar a tus padres. Pablo escribió "Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra." (Efesios 6:1-3) Jesús, a pesar de sus momentos de muerte, rindió honor y tributo a su querida y dulce madre. No importa cuáles puedan ser las circunstancias para nosotros, o cuales puedan ser para nuestros padres, nunca estamos demasiado viejos. Nunca nos volvamos demasiado sofisticados y que nunca se nos pase el honrar a nuestro padre y nuestra madre. Jesús, aun sus momentos de muerte, expone esa verdad. AG Lección # 1253. 10 de Marzo, 1996

La Hora Más Oscura

Toda mi vida yo he escuchado que la muerte de Cristo fue el punto central en toda la historia. Las escrituras respaldan esto, ¿verdad? Pablo dice, "Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo ha sido crucificado para mí y yo para el mundo." (Gálatas 6:14) y "La palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios." (1 Corintios 1:18)

Nosotros cantamos muchas canciones hermosas sobre la cruz.
Y yo amo esa cruz do murió mi Jesús
Por salvar al más vil pecador.
¡Oh! Yo siempre amaré a esa cruz,
En sus triunfos mi gloria será;
Y algún día en vez de una cruz,
Mi corona Jesús me dará.

Otra canción dice, "Nada en mis manos traigo, solo a tu cruz me aferro." Esa vieja y tosca cruz fue levantada en un cerro llamado "Calvario," un lugar tan bien conocido por su olor a muerte que le daba otro nombre. Lo llamaron Gólgota, el lugar de la calavera.

Después de una farsa de juicio, ante el sumo sacerdote judío, Jesús fue llevado ante el cobarde gobernador romano de nombre Poncio Pilatos. De miedo y temblando, él abdicó su responsabilidad y entregó al hombre para ser crucificado al ceremonialmente lavarse las manos de todo problema. Golpeado y azotado, Jesús caminó con dificultad aquel cerro, vistiendo una burlesca capa purpura y una corona de espinas. Era a las 9:00 a.m. un viernes que lo clavaron a la cruz. Por tres horas él escuchó las burlas de la multitud abajo. "¡Rey de los judíos, ha! Él salvó a otros, pero no puede salvarse a sí mismo. Si tu eres el Hijo de Dios entonces bájate de esa cruz."

Al medio día, algo extraño empezó a suceder. Una oscuridad espeluznante rápidamente se volvió en una oscuridad extrema esparcida por todo el cielo. Es como si alguien hubiera cerrado la puerta y apagado la luz diciendo, "ustedes están perdiendo la luz del mundo." La oscuridad perduró por tres horas y un silencio aterrador dominó el cerro entero. "Cuando vino la hora sexta" (es decir medio día), "hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: --¡Eloi, Eloi!, ¿lama sabactani? (que significa: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?")." (Marcos 15:33-34)

Me parece interesante que la palabra "clamó" en el idioma griego se puede traducir como "rugir." Es la misma palabra que se utiliza para el rugir de un león. Él rugió de una cruz, "Eloi, Eloi…" Muchos de ellos no entendieron lo que él estaba diciendo. El siguiente verso dice que la gente pensaba que él llamaba a Elías. Pero el no dijo Eli, Eli. Él dijo, "Eloi, Eloi" (Dios mío, Dios mío), "¿lama sabactani? (¿Por qué me has desamparado?)."

De las siete declaraciones que Jesús hizo en la cruz, esta es la más crucial. El resto de las cosas que él dijo uno casi lo podría esperar, ¿verdad? Si uno conoce la vida de Jesús, uno puede esperar que el diga, "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen." No nos choca el que él diga a un malhechor crucificado, "hoy, por tu fe, estarás conmigo en el paraíso." Y tampoco nos sorprende que el mirara a su madre y que le dijera de Juan, "He aquí tu hijo, e hijo, he aquí tu madre." Todas esas cosas vendrían naturalmente de los labios de Jesús.

Pero esto fue diferente. Colgado ahí estaba, mirando hacia abajo a sus ejecutores. De seguro que era magnánimo, de seguro que era compasivo. Este fue un clamor, un clamor desesperado. "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" A los pies de la cruz no lo entendieron, y mucha gente no lo entiende aún hoy en día. ¿Qué es lo que él estaba diciendo?

1.Un clamor de tristeza.
    ¿Sabe usted lo que representaba la oscuridad que se expandió por tres horas? En las Escrituras, la oscuridad siempre ha sido símbolo de maldad. "La luz vino al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas." (Juan 3:19) El reino de Satanás es llamado el reino de las tinieblas. (Colosenses 1:13) En cambio, en docenas de versículos en las escrituras, la luz refleja la presencia y la gloria de Dios. La ausencia de luz en aquel día significaba la ausencia de Dios. Como el Dios Padre dio su espalda, fue como si Jesús llamara la atención del mundo a algo que él mismo no podía contemplar. Usted sabe que nosotros nos enfocamos al clamor de Jesús, pero me he preguntado frecuentemente qué es lo que estaba pasando por el corazón del Padre cuando la oscuridad se esparcía y el clamor ascendió, y él escuchó las palabras, "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" Fue un terrible clamor de tristeza.
2. Un clamor de separación.
    Vamos al corazón de esto. ¿Qué fue lo que Jesús quiso decir? "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" Esto había sido grabado en Salmos 22:1. Muchos estudiosos han dicho, "Oh, Dios estaba ahí. Solo que Jesús estaba cumpliendo con una profecía al citar esta escritura." No, es mucho más que esto. Es interesante que el verbo usado aquí es exactamente el mismo verbo que Pablo usó en 2 Timoteo 4:10 cuando él estaba escribiendo acerca un antiguo amigo Demas. "Porque Demas me ha desamparado, amando este mundo." La palabra quiere decir "abandonar." Quiere decir irse, escapar. Entonces Jesús dijo, "Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has olvidado?" ¿Por qué has huido de mí? ¿Por qué me has dejado aquí? Por primera vez en toda la eternidad, lo más inimaginable que uno pueda posiblemente comprender ha ocurrido. El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, el eternal Dios, fueron divididos. El Dios había sido separado en el hecho que Jesús fue separado del Padre. Nunca había sucedido y nunca volverá a suceder.

    ¿Por qué habría Dios de desamparar a Jesús ahora, mucho más que en cualquier otro momento? ¿Qué fue lo que Jesús hizo mal? La respuesta es: nada. Nada para nada. Vea usted que no es lo que él hizo que estuviera mal, era lo que él estaba dispuesto a hacer por nuestros errores. Uno de los grandes versos para explicar este clamor en la escritura "Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia. ¡Por su herida habéis sido sanados!" (1 Pedro 2:24) Vea que la primera parte del verso dice, "Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero." Es como si todos los pecados de la humanidad hubieran sido juntados en un grande, mal oliente, y sucio desagüe echado sobre Jesucristo mientras él estaba colgado en la cruz. En cierta manera es algo que nosotros no podemos ni pretender entender. Todos los pecados del mundo fueron puestos sobre una cruz de Jesús. "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado." (2 Corintios 5:21)

    "Porque la paga del pecado es muerte." (Romanos 6:23) La palabra "muerte" en el griego no significa terminación, significa separación. Es por eso que lo utilizamos en un número de diferentes contextos. Cuando uno muere físicamente uno no termina o deja de existir porque el espíritu es separado de su tienda terrenal. Eso quiere decir que todo lo que significa la muerte es solamente una separación. La muerte de la que se habla en Romanos 6:23 es compensación por nuestros pecados, no es una muerte física como la separación del alma con el cuerpo, sino es una separación de Dios. Eso es aterrador porque es eternal.

    ¿Recuerda la parábola del hijo pródigo? Cuando ése hijo pródigo estaba en el fondo de su pecado, ¿dónde estaba él? Él estaba separado del padre, ¿verdad? Él estaba lejos en una tierra extranjera, habitando en su pecado. Cuando el chico regresó a su casa, el padre le dijo al otro hijo, "Este es tu hermano que estaba muerto, pero ahora está vivo de nuevo." ¿Qué quiere decir con "muerto"? Él no estaba muerto. ¡Si lo estaba! Él estaba separado del amor de su padre, y ese padre se debió haber preguntado a veces si alguna vez iría el hijo a regresar a casa. El Hijo de Dios que nosotros llamamos Jesús estaba separado de su Padre no por su propio pecado, porque no tenía alguno, pero porque él soportó nuestros pecados.

    El mejor comentario y la mejor figura de la cruz, y particularmente este clamor: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" esta en Levítico 16. Como el Antiguo Testamento es como un tutor para ayudarnos a entender mejor el Nuevo Testamento, Levítico 16 debería ayudarnos a entender este clamor de la cruz. Había tres sacrificios que eran hechos por los israelitas que involucraban dos cabríos y un toro. Primero, el toro era ofrecido por los pecados de Aarón para que él pueda interceder por la gente. Luego, un cabrío era ofrecido en sacrificio por los pecados de la gente. El segundo cabrío, el tercer animal, era traído ante la gente. "Cuando haya acabado de expiar el santuario, el Tabernáculo de reunión y el altar, hará traer el macho cabrío vivo. Pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados. Así los pondrá sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por medio de un hombre destinado para esto. Aquel macho cabrío llevará sobre sí todas sus iniquidades a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto." (Levítico 16:20-22)

    Ahora, ¿entiende usted esta ilustración? Un cabrío sería traído, y Aarón tomaría sus manos y las pondría sobre la cabeza del cabrío. Él diría, "Todos nuestros pecados ponemos sobre la cabeza de este cabrío." Toda la lujuria, todos los adulterios, todas las mentiras, todos los robos, todos los chismes, todos los odios, y todos los otros pecados fueron simbólicamente puestos en el cabrío. Ese cabrío seria guiado por un hombre hasta un lugar tan lejos en el desierto que el animal nunca podría encontrar el camino de regreso al campamento nuevamente. Ese hombre tomaría su zapato o sandalia y lo patearía al cabrío y le diría, "fuera de aquí, vete, desaparece." Por 1500 años los israelitas obedecieron este mandato. Ellos mandaban a este cabrío al desierto representando la desaparición del pecado.

    Por seis largas horas estuvo Jesús clavado en la cruz, y debió haber parecido como seis milenios. Como el cabrío cuando era abandonado en el desierto él clamó, "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"

3. Un clamor de sustitución.
    "Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia. ¡Por su herida habéis sido sanados!" (1 Pedro 2:24). "Por sus heridas habéis sido sanados." "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en él." (2 Corintios 5:21) ¿Ve la sustitución?

    Es increíble. De alguna manera Dios tomó al que era sin pecado, santo, sin mancha y puro, y lo hizo tan sucio como un desaguadero; y de alguna manera cuando vengo humilde, obediente y en fe a Cristo, Dios transfiere a mí la belleza, la pureza, y la gracia de Jesucristo. Ese es el pensamiento más poderoso, más increíble, y más incomprensible que un humano pueda concebir, la rectitud de Jesús transferida al hombre pecador. "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" podría ser considerado un clamor de sustitución.

    Si Jesús no hubiera intercedido, si todo hubiera seguido en el curso natural de las cosas, ese es el clamor que usted y yo estaríamos ofreciendo en vísperas de nuestra muerte y los eventos del juicio. "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" Pero Jesús dijo esas palabras para que yo no lo tenga que hacer ni para que usted lo tenga que hacer.

    Puede que usted haya antes escuchado la historia o quizá hasta haya visto al hombre en un programa de televisión llamado Today Show, aproximadamente unos ocho años atrás. Pero fue, probablemente, para mí la mejor ilustración de esta idea del clamor de sustitución. Sucede que temprano una mañana vi a un hombre de nombre Francesca Geraszchnevik siendo entrevistado en el Today Show. Lo entrevistaban porque él fue un sobreviviente de Auschwitz, el terrible campamento de concentración que estaba justo en el medio del Holocausto. Pero Geraszchnevik tuvo una historia particularmente interesante porque él hablaba de la época de 1941 cuando hubo un gran escape en el mes de Julio en Auschwitz. Cuando esto ocurrió, el comandante de ese campo de concentración hizo lo que siempre se hacía. Para desanimar a futuros prófugos, el juntaría a todos los presos en el patio y escogerían diez nombres al azar. Y esos diez serían puestos en una fosa y esta sería cubierta. Ellos serían abandonados ahí hasta que murieran de hambre o deshidratación y todos los mirarían morir todos los días. Empezaron a llamar los diez nombres, y el décimo nombre llamado fue el nombre Francesca Geraszchnevik. Geraszchnevik dijo, "Yo caí de rodillas y empecé a llorar incontrolablemente. Yo supliqué y dije: 'Yo tengo una esposa, tengo hijos, por favor, por favor, no me hagan esto.' Cuando de pronto salió de la nada un hombre llamado Maximilian Cole. Cole ni siquiera era judío. Él estaba en ese campamento como un simpatizante. Cole había entrado en Febrero de '41, esto fue en Julio, y ya se había ganado un Nick, "El ángel de Auschwitz," porque compartía su comida, y se encargaba de los enfermos, y trataba de animar a los oprimidos. El levanto su voz y dijo: 'Comandante, ¿me permite decir una palabra?' Fue remarcable que él no fuera disparado en ese instante. Pero por razones que nunca comprenderemos, el comandante se dirigió a Cole y le dijo, 'Si puedes.' Él dijo, '¿me permite tomar su lugar? Yo estoy más viejo - yo ya no podría ofrecer tanto trabajo.' El de mente nazi aceptó y se lo permitió, y Maximilian Cole fue echado en la fosa con los otros nueve. Seis semanas después, el 14 de Agosto, él era el único que sobrevivía. En vez de dejarlo morir de hambre, lo inyectaron con fenol y él murió."

    Yo no sé si Geraszchnevik aún vive, pero vivía ocho años atrás. Y cuando lo entrevistaron, su comentario fue, "Nunca tuve una oportunidad de decirle una palabra, pero yo le miré a los ojos cuando se lo llevaban. Y él supo lo agradecido que estaba. Cada 14 de Agosto, Geraszchnevik regresa a Auschwitz como un memorial. Y en su jardín trasero hay una placa de metal que el mismo formó con su propias manos, y cada día el expresa su gratitud al hombre de nombre Maximilian

    Nosotros tenemos muy poco en común con Francesca Geraszchnevik. No hablamos el mismo lenguaje, no conocemos a las mismas personas. Ni siquiera declaramos ser de la misma tierra. Pero tenemos un par de cosas muy en común con él. Alguien murió para salvar nuestras vidas y ambos vivimos el resto de nuestras vidas en absoluta gratitud. Eso es lo que cada uno que es cristiano tiene en común con Geraszchnevik, aunque en Geraszchnevik es material y en nosotros es espiritual.

    La gente daba muchas burlas a Jesús. Hubo una de ellas que era cierta. Así es. Ellos decían, "Oh, el salvó a otros, pero no puede salvarse a sí mismo." Eso fue cierto. Oh, el se pudo haber salvado a sí mismo (Mateo 26:53). Muchas horas atrás le dijo a Pedro, "¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?" Él se pudo haber salvado a sí mismo, pero él no hubiera podido hacer toda esa burla realidad. El salvó a otros, pero no se pudo salvar a sí mismo. Si él iba a salvar a otros, él no se podía salvar. "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" fue el clamor de sustitución.
         
AG Lección #1254. 17 de Marzo de 1996.

Las Palabras de Humanidad

"Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca." (Juan 19:28)

Superficialmente, esa frase no significa mucho para nosotros. Es exactamente lo que usted esperaría de un hombre desfalleciente que está muerto de sed y deshidratado después de seis horas en una cruz. "Tengo sed." De seguro que sí, eso es lo que va a decir. Pero yo pienso que dice mucho más. Yo le sugeriría que esta era un clamor de terminación. Quizá usted recuerde que había dos tipos de bebidas que fueron mencionadas en la historia de la cruz. Sería útil saber cual es cual. En Mateo 27:34, la Biblia nos dice que cuando Jesús estaba siendo puesto en la cruz, se le ofreció una bebida que es llamada, "vino mezclado con hiel." La hiel era un agente narcótico, un agente intumescente. Aún los crueles romanos tenían un poco de misericordia en ellos. Antes de poner a un hombre en la cruz, le daban algo para anublar su mente y permitirle soportar el dolor. Cuando a Jesús le ofrecieron esa bebida, él la rechazó. Él dijo, "No."

¿Por qué la rechazaría? Una razón es que seguramente Jesús no prefería escapes o atajos. El se sentía determinado a soportar todo el sufrimiento y toda la cólera de la cruz. Jesús quería todas sus facultades mentales mientras él colgaba ahí para que pueda resumir toda su vida y su ministerio en esas siete declaraciones hechas en la cruz.

Pero seis horas después, otra bebida es ofrecida. Nos es identificada como vino mezclado con vinagre. Era diferente. Era un vino barato, muy poco fermentado si es que estaba algo fermentado; era vino mezclado con vinagre. Los estudiosos usualmente dicen, "dos partes de vinagre por cada parte de vino." No tenía hiel, no tenía ningún efecto intumescente. Si hacía algo, estimularía sus sentidos. Y Jesús dijo, "Tengo sed," y le dieron eso.

Entonces, ¿por qué bebió esa segunda bebida? Mire el verso 28. "Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed." Amigos, hay otra evidencia de que Dios estaba colgando en la cruz. Vea usted que yo estoy convencido que solo Dios podía saber lo que Jesús sabía en ese momento. Después de seis horas de dolor atroz e insoportable, y a tan solo momentos de morir, ese hombre colgado en la cruz hizo que más de 700 profecías sobre su vida se cumplieran. Las siguientes son profecías sobre la muerte de Jesús.

    La traición de un amigo o familiar. (Salmos 41:9)
    El abandono de sus discípulos. (Salmos 31:11)
    Las falsas acusaciones. (Salmos 35:11)
    El silencio ante los jueces. (Isaías 53:7)
    Ser declarado culpable. (Isaías 53:9)
    El ser contado junto con los transgresores. (Isaías 53:12)
    Ser crucificado. (Salmos 22:16)
    La burla de los espectadores. (Salmos 109:25)
    Los escarnecimientos por no ser liberado. (Salmos 22:7-8)
    El sorteo de sus vestimentas. (Salmos 22:18)
    La oración por sus enemigos. (Isaías 53:12)
    Ser abandonado por Dios. (Salmos 22:1)
    La entrega de su espíritu en las manos de Dios. (Salmos 31:5)
    El que sus huesos no sean destrozados. (Salmos 34:20)
    La sepultura en la tumba de un hombre rico. (Isaías 53:9)
    Ofrecimiento de vinagre por su sed. (Salmos 69:21)
¿Sabía usted que había tantas profecías solo sobre la muerte? ¿Era este hombre tan solo un simple hombre? Mientras él pensaba en todas esas profecías, una vino a su mente que aún no había sido cumplida, y Jesús, sabiendo que lo haría y que debía cumplir toda profecía, dijo algo por la causa del cumplimiento. El dijo, "Tengo sed." Y le dieron vinagre. Era un clamor de terminación. Pero aún más importante que eso, era un clamor de encarnación.

Pudo haber habido dos razones por las que Jesús hizo esta declaración en la cruz. Una, era para completar la profecía; y segundo, porque el hombre tenía sed. La primera razón nos muestra que él era Dios mientras la segunda razón nos muestra que él era un hombre. Juntos, ellos validaban otra vez el más grande clamor en la historia, el clamor de encarnación. Encarnación significa que este hombre, Jesús, era Dios empacado en carne. Hay menciones de eso en toda la Biblia. Juan empezó su evangelio con "En el principio era el verbo" (esa es una metáfora que significaba Jesús). "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios." (Juan 1:1) Y luego, catorce versos más adelante dice, "Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros."

Colosenses 2:9 dice, "Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad (Dios como cabeza)." O, 1 Timoteo 3:16, Pablo le dice a Timoteo, "Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu," y la lista sigue y sigue. No me cansaré de enfatizarlo. La reivindicación de encarnación es la división continental de Fe, fluye de una manera u otra. Vea usted que el mundo ama a Jesús. Hasta el noventa por ciento de Norte América clama ser cristiana, a todos les cae Jesús porque él era cariñoso y cálido, y el mundo está ansioso por hablar de él como un buen maestro, un gran filósofo y un hombre amable. Pero a menos que usted lo acepte como Dios venido en carne, entonces la Biblia no tiene sentido ni razón. Es la aclamación crucial en toda la humanidad. Si usted cree que él es Dios venido en carne, todo encaja bien. ¿Caminó Él en agua? Seguro que sí, el que hizo el agua puede caminar sobre ella, ¿verdad? ¿Que salió de la tumba? El que alteró la vida, ¿causa alguna sorpresa que la muerte no lo pudiera sujetar? Y el hecho que él pueda decir, "tus pecados son perdonados," mientras colgaba en la cruz. Si él es Dios en la cruz, no es sorpresa que su muerte tuviera un gran significado de salvación.

La decisión crítica de nuestras vidas es: En realidad, ¿era este hombre Dios? O, ¿era Dios realmente este hombre? Eso es todo. Y el clamor, "Tengo sed," dice, "Si." Si era. Era Dios venido en carne.

Pero, quiero sugerirle que hay día a día una muy práctica manera en que la encarnación de Jesús, Dios venido en carne, es significativa para nosotros. Él es el Dios que puso las estrellas en el cielo, quien mencionó al mundo para que existiera, y que le dio vida a usted en el vientre de su madre. Ese Dios vino, vivió y murió en una cruz para que él pueda sentir lo que usted siente, sude como usted suda, sienta dolor como usted lo siente, y llore como usted llora. La triste realidad es que la mayoría de la gente reconoce a Jesús pero tienen muy poco entendimiento precioso de cómo en realidad el quiere impactar en nuestro vivir de día a día. Y estoy hablando de cristianos.

La mayoría de gente ve a Jesús como un hombre que vino a fundar una religión: la cristiandad, una institución: la iglesia, un código de conducta: la Biblia, y piensan que eso es todo. ¡No! Jesús no vino a esta tierra y colgó de esa cruz para establecer una religión. El vino para restablecer relaciones.

Puede que usted haya oído esto antes pero puede que aún no lo entienda. Usted cree que Jesús vino en carne, que ha estado aquí, y que al haber hecho eso, regresó al cielo y que lo que él hizo es importante. Caso cerrado. ¿Cómo tiene usted una relación con alguien que no está aquí? Usted no lo puede ver, tocar, sentir, u oír. Nosotros estamos como aquella niña de seis años de edad que tuvo una pesadilla. Su madre fue a su cuarto mientras la niña estaba llorando y le trato de dar ánimo y hacer que su independencia se desarrolle. La madre le dijo a la niña, "Ahora chiquita, ve a tu cama, Jesús está aquí contigo." La pequeña miró alrededor y dijo, "Entonces ya sé, porque mejor no te quedas aquí con Jesús y yo me voy al otro cuarto con mi papi."

Puede que nos riamos por esa escena, pero esa es la manera en que mucha gente que conozco realmente razona sobre Jesús. Mucha gente cree que Jesús está por ahí en algún lugar, pero necesitamos algo de carne y sangre sobre que arrimarse. Necesitamos alguien de quién nos podamos agarrar, alguien a quién podamos tocar, alguien quién realmente nos pueda entender. Si hay de veras un pasaje que responda a la pregunta: ¿Le importamos a Jesús? ¿Nos puede el tocar? ¿Lo podemos tocar a él? ¿Puede el solucionar mis necesidades hoy en día? Ese verso es la escritura que estamos estudiando en este momento. Jesús dijo, "tengo sed."

Una de las cosas más fascinantes de toda la Biblia es cuando Jesús estaba a punto de empezar su ministerio. Él fue al desierto sin ninguna comida por 40 días y la Biblia tiene una de las más grandes oraciones de toda la escritura. Dice, "Y tuvo hambre." Cuarenta días sin comer y tuvo hambre. Luego ahora en los pocos últimos minutos de su vida mientras está colgando en la cruz, lo encontramos sediento.

Me es intrigante que en las partes más importantes de su ministerio, vemos a Jesús pasando penas con las necesidades humanas más básicas: hambre y sed. ¿Alguna vez se ha preguntado por qué se nos habla sobre estas cosas? ¿Por qué sucede esto en Mateo 4 cuando Jesús esta en el desierto cara a cara con Satanás tratando de decidir quién va a gobernar el mundo? Estamos hablando sobre la batalla espiritual de toda la eternidad. Luego se nos dice que "él estaba muy hambriento". ¿Por qué ahora en el día más oscuro que ha habido, en el cual Jesús estaba experimentando la misma oscuridad al ser todos nuestros pecados amontonados sobre él, y mientras él busca a su Padre y no lo puede encontrar, y llora, "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?," también se nos dice que él estaba sediento?

¿Alguna vez se preguntó por qué se nos dice estas cosas? Es para que las palabras de Hebreos 4:15-16 suene absolutamente verdaderas en nuestros oídos: "No tenemos un Sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro." Fíjense en esto, "para el oportuno socorro."

Hay una hermosa canción que dice, "¿Le importará a Jesús cuando mi corazón esta adolorido muy profundamente? ¿Al presionar las cargas y las preocupaciones aflijan y el camino se haga más cansador y largo? Oh sí, a Él le importa, yo se que se preocupa." Pero mejor que la canción, Pedro dijo, "Echad toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros." (1 Pedro 5:7)

Jesús no está aquí hoy en día en carne para poner su brazo sobre mis hombros, para guiarme de la mano físicamente en las noches oscuras y en los momentos espantosos. A mí me da gusto que no esté en carne aquí ahora. Porque él ha hecho lo que él necesitaba hacer y nuestro pecado es alejado. Si él todavía estuviera aquí, sería con el propósito de necesitar abstener y absolver nuestro pecado. También me da gusto que no esté aquí en carne porque él está de regreso en el salón del trono del reino intercediendo por nosotros delante del Padre. Me da gusto, porque ahora no está empacado en carne limitado por el tiempo, locación, y espacio. Él puede saber y manejar todo nuestro dolor, sufrimiento y nuestra necesidad al mismo tiempo. No tenemos que ser como un leproso o como el ciego Bartiméo, no tenemos que intentar averiguar: ¿está Jesús en Nazaret? ¿Está Jesús en Capernaún? ¿Está Jesús en Jerusalén? Lo quiero ver. Él ahora está en un lugar en desde el cual nos podemos en cualquier momento.

Me da gusto que no esté aquí físicamente porque él dejó con nosotros a un "consolador," el Espíritu Santo, no solo para estar con nosotros, pero para vivir en nosotros cuando somos elevados como una nueva creación al ser bautizados en Cristo. El Santo Espíritu viviendo en nosotros está haciendo intercesión en nuestras oraciones. Romanos 8:26 dice, que el Espíritu da gemidos para interceder por nosotros, los cuales nosotros ni siquiera sabríamos cómo hacer. Él está hablando con el Padre sobre nuestras necesidades que ni siquiera sabemos cómo pedir. Por eso, cuando alguno de nosotros viene a Dios en oración, Jesús en el cielo se puede identificar con nuestra súplica y suple cualquier necesidad que tengamos. Si eso no tiene ningún sentido para usted, es porque nunca usted ha conocido al "hombre" Jesús, o porque nunca ha visto a la oración como oportunidad para hablar con Él cara a cara. No solo ore, sino viva en oración. Ese es el clamor de atención. Un autor dijo que la cuna en Belén prueba que Dios vino. La cruz en el Calvario prueba que Dios nos atiende.

Ellos levantaron el palo como un hisopo con vinagre y vino a sus labios y "¡Consumado es! E inclinando la cabeza, entregó el espíritu." (Juan 19:30) Jesús tenía que tener suplidas las necesidades humanas antes que pudiera hacer la reivindicación de divinidad. Él no podía decir las palabras, "Consumado es," hasta que su sed humana fuera satisfecha, y calmada. ¡Qué amigo tenemos en Jesús!, el se llevó nuestro dolor.
AG Lección #1255. 24 de Marzo, 1996.

Las Palabras de Rendición

Ha habido cientos, quizá miles, de crucifixiones en Jerusalén antes del día en que Jesús fue crucificado y probablemente miles después. Así que no fue el simple hecho de que un hombre fue crucificado. Lo que hizo este caso tan inusual es el hombre que estuvo en la cruz aquel día.

Había tensión en el ambiente. Había grandes multitudes que habían inundado la ciudad de Jerusalén porque era la Pascua. Francamente, las cosas se podían poner rápidamente en un estado de frenesí en Jerusalén durante esta época del año. Había una forma explosiva de turba sicológica que estaba en acción ese día en particular. Durante toda la mañana, los líderes habían servido de porristas. Ellos estaban entre el grupo de gente que gritaba, "¡Crucifíquenlo! ¡Crucifíquenlo!" Todas las multitudes se le unían. Los soldados romanos estaban en gran alerta aquel día. Ya habían visto multitudes de judíos volverse así de violentos anteriormente, así que estaban vigilando con mucho cuidado. Finalmente, Jesús es clavado en la cruz. Cierta parte de la protesta parece haber cedido un poco, pero ahora cosas muy extrañas empiezan a suceder. Nadie podía entender lo que estaba sucediendo, pero había algo extraño sobre lo que estaba pasando. Casi como si algo se estuviera subiendo en uno sin saber qué cosa es. No se podía asegurar con firmeza. Aunque era el medio día, cerca de las doce, para ser específicos, todo se volvió oscuro. No solo el tipo de oscuridad al que estamos acostumbrados a ver cuando viene una gran tormenta durante el día, porque si fuera así aún quedaría algo de luz. Pero es totalmente oscuro. Era el tipo de oscuridad que uno hasta puede sentir. Fue como la media noche cuando la luna está escondida, como cuando no se pueden ver las estrellas y uno está muy lejos de las luces de la cuidad. Uno, literalmente, tiene dificultad aún para ver la mano frente al rostro. Así de oscuro se había vuelto al medio día.

Era el tipo de oscuridad pesada que uno puede sentir, tan gruesa que uno casi la puede cortar con un cuchillo. Era el tipo de oscuridad que hace que las aves vayan y se posen en algún lugar. Era el tipo de oscuridad que hace que los soldados enciendan antorchas para que puedan ver. Era el tipo de oscuridad que no se va tan rápido como lo haría un eclipse [Nota: La duración más larga que se conozca de un eclipse total de sol es 7.5 minutos (www.space.com) o 7.3 minutos (www.wikipedia.org). Pero pareció que era eterno, tres horas de oscuridad total. Las cosas eran más que inusuales, un extraño, inquietante, y aterrador sentimiento.

Lo sorprendente de todo eso es lo tan brevemente en que cada uno de los escritores del evangelio cuentan la historia de lo que estaba pasando durante las últimas horas de la vida de Jesús. The Narrated Bible (La Biblia Narrada), la cual F. LaGard Smith editó muchos años atrás, tiene una maravillosa manera de poner los varios acontecimientos del evangelio juntos de tal manera que se lea como una narrativa.

"Desde la sexta hora hasta la novena hora, oscuridad sobrevino la tierra. Como a la novena hora, Jesús clamó a gran voz: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?; lo que significa, 'Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?' Cuando algunos de los que estaban alrededor escucharon esto, dijeron, 'está llamando a Elías.' Más adelante, sabiendo que ya todo estaba completado y para que las escrituras sean cumplidas, Jesús dijo: Tengo sed. Inmediatamente uno de ellos corrió y consiguió una esponja. La remojó en vinagre mezclado con vino, la puso en un palo, y se la ofreció a Jesús para beber. Y el resto dijo, 'Ahora déjalo, y vamos a ver si Elías va a venir para salvarlo.' Cuando había recibido la bebida, Jesús dijo, 'todo está consumado.' Jesús clamó a gran voz: Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu. Así inclinó su cabeza y dejó su espíritu.

En ese momento, la cortina del templo se rompió en dos de arriba abajo. La tierra tembló y las rocas se partieron. Las tumbas se abrieron y los cuerpos de mucha gente santa que había muerto fueron levantados a la vida. Ellos salieron de las tumbas. Y después de la resurrección de Jesús entraron a la santa ciudad y se le aparecieron a mucha gente. Cuando el centurión y todos ellos con él que hacían guardia a Jesús vieron el terremoto y todo lo que había pasado, estaban aterrorizados y se explicaron, 'seguramente, este fue el Hijo de Dios.'

Algunas mujeres estaban mirando desde cierta distancia, entre ellas estaba María Magdalena, María la madre de Jacobo y José, y Salomé. En Galilea, estas mujeres lo habían seguido y se habían encargado de sus necesidades. Muchas mujeres que habían venido con él a Jerusalén también estaban ahí. Cuando toda la gente que se había juntado para ser testigos de la escena, vieron lo que aconteció, se golpearon el pecho y se fueron. Pero todos aquellos que lo conocían, incluyendo las mujeres que lo siguieron de Galilea, se mantuvieron a cierta distancia mirando todas estas cosas."

Durante las tres últimas horas de la vida de Jesús, desde el medio día hasta las 3:00 de la tarde, Jesús dijo muy poco, pero lo que dijo es extremamente importante. Lo último que Jesús dijo fue "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu." Lo primero que dijo ahí es la palabra, "Padre." Qué hermosa palabra es esa. Durante esta larga y terrible experiencia, y hasta justo antes de ella, vemos a Jesús en muy frecuente comunicación con su Padre. En algún lugar entre la Gran Sala y el huerto de Getsemaní, Jesús dice, "Padre, la hora ha llegado." Pero fíjense como se dirige a Dios: "Padre, la hora ha llegado."

En su lugar de soledad en el huerta él oró, "Padre, que tu voluntad sea hecha y no la mía." Después de haber sido clavado en la cruz él dijo, "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen." Mientras cargaba con nuestros pecados él dijo, "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Finalmente, justo antes de su muerte, él dijo, "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu."

Durante todas estas circunstancias, no importando cuales fueran, Jesús nunca perdió la comunicación con su Padre. Él estaba orando a su Padre, hablando a su Padre, en unión con su Padre, y en comunión con él. Excepto por ese breve momento cuando Dios le dio la espalda a Jesús, y Jesús clamó esas palabras, "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Jesús nunca rompió esa comunión con su Padre.

Opuestamente a Jesús, no nos tomaría mucha distracción para sacarnos de nuestro rumbo durante un día, una semana, o hasta más. No toma mucho distraer nuestra atención del Padre, del camino que Dios bendice. Nosotros tendemos a olvidarnos de orar "Dios, gracias por cuidar de mí," o "Dios, gracias por hacer esto en mi vida." Nosotros somos tan fácilmente distraídos, pero no Jesús. Sin importar las circunstancias, Jesús siempre estuvo en comunión y comunicación con su Padre.

Entonces Jesús dice, "Padre, en tus manos…" En las últimas doce horas, Jesús había estado en las manos de otros que abusaron de él. Le habían jalado la barba, golpeado en la cara, brutalmente destrozado su cuerpo, y le habían puesto en la cabeza una corona hecha de espinas y se la presionaron dentro de su cuero cabelludo y su frente. Habían abusado de él terriblemente. Pero ahora esta finalmente en las manos de su Padre. Ya no en las manos de aquellos que lo brutalizaron, sino en las manos de su Padre en quién encomendó su espíritu. Ahora estaba abrazado por los amantísimos brazos de Dios en los cuales hay seguridad y consuelo, y aceptación. No puedo evitar pensar que hay veces cuando nos sentimos perseguidos y brutalizados o solitarios o lo que sea que nuestra situación pueda ser. Pero el sólo saber que podemos estar en las manos de Dios y no en las manos de aquellos que nos maltratan o en nuestras propias manos, es un pensamiento reconfortante.

Jesús también dijo: "encomiendo." "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu." En el lenguaje original "encomendar," significaba depositar o despojarse. En otras palabras, nadie le quitó la vida a Jesús. Él había mencionado eso hasta antes de su crucifixión. Él dijo, "Yo dejo mi vida. Nadie la toma de mí." Voluntariamente, Jesús dejó su vida por usted y por mí. Jesús había hecho todo lo que el Padre le había pedido hacer. "Consumado es." Jesús se había vuelto en la propiciación por nuestros pecados, el sacrificio de perdón. Jesús se había convertido en la satisfacción que Dios demandaba por los pecados del mundo para así librarnos de la ira de Dios. (1 Juan 2:1-2)

Todo puede ser resumido de esta manera:
    1. Tenemos un problema - somos pecadores condenados a la muerte.
    2. Hay una solución - un sacrificio sin culpa y sin pecado era requerido.
    3. Hay un resultado - Jesús ofreció su propia vida sin pecado, derramó su propia sangre y satisfizo la demanda de Dios para reconciliación.
Jesús dijo "Padre, en tus manos, encomiendo mi espíritu.' Casi diez siglos antes, David dijo la misma cosa pero añadió un pedido. "En tus manos encomiendo mi espíritu; líbrame, Señor, Dios de la verdad." (Salmos 31:5) Es una declaración de rendimiento. Eso es lo que Jesús había hecho durante toda su vida terrenal. Él confió en Dios, y rindió su vida en sumisión total a Dios Todopoderoso. Jesús sabía con gran confianza que la resurrección y la gloria lo esperaban.

Se había terminado. Él había cumplido todo lo que Dios le había pedido que hiciera. Todo el precio de la deuda de nuestro pecado había sido pagado. Jesús, nuestro sacrificio de propiciación, lo ha hecho posible para que nosotros seamos reconciliados con Dios. Quizá podamos ahora entender mejor lo que Juan quiso decir cuando dijo "De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna."

Nosotros debemos encomendarnos. Debemos perdurar. Debemos encomendar nuestras vidas a él. "¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?, porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado, porque, el que ha muerto ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él." (Romanos 6:3-8) También debemos mantenernos enfocados y fieles. "Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar." (Hebreos 12:1-3)
AG Lección # 1256. 31 de Marzo, 1996.

Las Palabras de Victoria

William Henry Harrison, el noveno presidente de los Estados Unidos, dio el discurso inaugural más largo que se haya registrado. Tenía más de 9000 palabras. Harrison debió haber estado terriblemente orgulloso de ese discurso, porque era una mañana fría y lluviosa en el mes de enero. El se rehusó a ponerse un abrigo sobretodo o resumir su mensaje. Después de estar en esas miserables condiciones por dos horas, él contrajo pulmonía y murió en menos de un mes. A alguien se le ocurrió esta frase: "Ningún presidente nunca ha dicho más ni hecho menos."

Ahora, contraste eso con lo que Jesús hizo cuando colgó de aquella cruz en un cerro llamado "Calvario." Sus declaraciones fueron pocas. Nosotros solo tenemos grabadas siete. Ellas fueron breves, probablemente solo unas cuantas palabras en cualquier idioma. Pero aún siendo tan pocas y tan cortas, toda la eternidad fue alterada por lo que él dijo. Yo supongo que uno podría decir "ningún hombre nunca ha dicho menos ni hecho más."

Las mejores de sus declaraciones fueron las palabras de victoria: "Consumado es." "Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliera: ¡Tengo sed! Había allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja y, poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. Cuando Jesús tomó el vinagre, dijo: ¡Consumado es! E inclinando la cabeza, entregó el espíritu." (Juan 19:28)

Consumado es. En el leguaje original, el griego, era solo una palabra: Tetelestai. Tetelestai era una palabra poderosa. Era una frase muy terminante que indicaba que algo había sido totalmente consumado. Es totalmente terminado. Algunos habían pensado que este era un clamor de desesperación. Jesús gritando, "¡Oh, está acabado!" Pero no estaba desesperado. Otros pensaron que podía ser un suspiro de alivio, "Oh, se ha terminado." Pero tampoco era asi. Yo estoy convencido que esto era una palabra de triunfo, no tragedia. Esta era una palabra de júbilo, no de lamento. Este fue un clamor de victoria, no un clamor de desesperanza. De hecho, el pudo haber gritado "¡Tetelestai!" ¡ESTA TERMINADO!

Pero, ¿Qué estaba terminado?

El trabajo terrenal de Jesús estaba terminado.
Es más fácil empezar algo que terminarlo, ¿verdad? Así este usted hablando de un proyecto, un grado de universidad, un matrimonio, un compromiso, una vida, lo que sea: simplemente es más fácil empezar que lo es terminar. Es por eso que solo se da premios a los que terminan. Nadie recibe un diploma el primer día en la escuela. Uno no recibe un reconocimiento el primer día que empieza un trabajo. A uno se le premia cuando termina. Francamente, la mayoría de nosotros tenemos dificultad terminando lo que hemos empezado, pero no Jesús. El fue un terminador.

Esta palabra, "Tetelestai," es usada en otras tres veces en el evangelio de Juan, y todas estas veces salen de los labios de Jesús. "Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió y que acabe su obra." (Juan 4:34) "Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan: las obras que el Padre me dio para que cumpliera, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado." (Juan 5:36) Lo que este hombre está diciendo desde temprano es que el va a terminar lo que ha empezado.

Justo horas antes que fuera a la cruz, el está en oración con el Padre y dice, "Yo te he glorificado en la tierra; he acabado (aquí está la palabra Tetelestai) la obra que me diste que hiciera." (Juan 17:4) Horas más tarde, él grita mientras colgaba de sus manos, "Consumado es." (Juan 19:30) Cuando Jesús vino a esta tierra, el no vino con un enfoque cualquiera de "llegando allá ya veremos." El tenía un plan específico. Él sabía exactamente lo que se necesitaba hacer. Él sabía las profecías que tenían que ser cumplidas, los hombres que necesitaban ser entrenados, los milagros que necesitaban ser hechos, y el mensaje que tenía que ser comunicado. El dijo, mi trabajo es hacer la voluntad de aquel que me envió y yo voy a terminar mi trabajo.

La razón por la que tanta gente se siente tan frustrada en la vida, tan no realizados, tan infelices, es simplemente porque no siguen el ejemplo de Jesús. No tienen un plan de vida. Persiguen cada arcoíris, cada fuente de gratificación instantánea, y beben de la fuente de cada placer. Pero se mantienen perpetuamente sedientos. Jesús, por lo contrario dijo, yo quiero saber qué es lo que quiere mi Padre que yo haga y lo voy a hacer hasta que lo termine. Amigos, ese es el mismo secreto para la realización de su vida. Nosotros estamos sobre esta tierra con ese mismo propósito por el que Jesús estuvo aquí. Nosotros estamos aquí para traer gloria al Padre. Puede que esto lo sorprenda, pero lo vamos a lograr de la misma manera. Vamos a lograrlo simplemente siendo obedientes, yendo a nuestra propia cruz simbólicamente y permitiendo que seamos crucificados para que Dios pueda vivir y reinar en nosotros. Nosotros vamos a ser realizados manteniéndonos en nuestro rumbo y terminando la carrera.

Lo última cosa es lo más difícil de hacer. Algunos de ustedes se preguntaran, "¿Y cómo se hace eso? ¿Cómo se mantiene uno motivado? ¿Cómo se tiene el coraje para correr la carrera entera de la vida hasta la línea final y salir bien?" Examinemos lo que la Biblia comparte con nosotros sobre el secreto de Jesús.

"Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios." (Hebreos 12:2) ¡Nos dice cómo terminar! Y es de esta manera cómo terminamos, mirando a Jesús. ¿A dónde estaba mirando Jesús? "Por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz," el odió la vergüenza, pero la sufrió. ¿Por qué? Porque él supo que al otro lado, él habría de sentarse a la derecha del trono de Dios habiendo proveído el camino para que el hombre se reconciliara con Ellos (Dios, Jesús, Espíritu Santo) Nosotros mantenemos nuestro enfoque en el lugar al que estamos yendo. En una edad de gratificación inmediata donde nosotros queremos satisfacción instantánea, debemos recordar que nuestra recompensa es la eternidad.

Ahora, no me mal entienda. Yo nunca cambiaría la vida Cristiana por cualquier cosa porque, como nosotros buscamos cumplir nuestro propósito y terminar la carrera, Dios produce fruto en nuestra vida. Nosotros hemos entendido los siguientes: amor, gozo, paz, paciencia… todos los nueve frutos del espíritu mencionados en Gálatas 5. Nadie puede experimentar estos de la misma manera como lo puede hacer el cristiano.

Pero esa moneda tiene otro lado. Ser un seguidor de Cristo tomara demandas de nuestra vida. Va a requerir sacrificios si nuestro caminar con Dios es genuino y Él nos va a decir cómo conllevar esos sacrificios, con las demandas y los enfados de la vida. "Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios." (Hebreos 12:2)

Puede que algunos estén a punto de dejarlo todo. Puede que algunos de ustedes que están estudiando esta lección estén ya para dejar el ministerio, se está empezando a sentirse frustrado y hasta le parezca que no hay frutos. ¿Es usted un maestro de escuela bíblica que está pensando que debería abandonar su trabajo porque "no se puede llegar a ningún estudiante?" ¿Es usted un trabajador personal que tiene el mismo problema? ¿Estarán algunos de ustedes pensando en abandonar su matrimonio? ¿Están algunos de ustedes pensando, "no sé si podré seguir con esto de la Iglesia?"

¿Me permite darle el mejor consejo? Mire a donde Jesús miraba. Re-enfóquese en la eternidad. Este mundo no es nuestro hogar; nosotros sólo somos peregrinos. Nuestro tesoro está en algún lugar más allá de los cielos. Si uno no cree eso, va a pasar dificultad al terminar su vida. Pablo dice "…porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos" (Gálatas 6:9) No se dé por vencido. Tetelestai. Jesús terminó su trabajo.

El plan de redención fue completado.
El sabía que el plan de redención ya había sido consumado. La palabra "tetelestai" es una palabra interesante. Es usualmente usada en el primer siglo en un sentido comercial. Por ejemplo, si alguien tuvo un préstamo que requería pagos a plazos, aquel hombre podía ir donde su prestador por última vez y poner sobre la mesa la última cuota de pago y decir "tetelestai," consumado es, todo está pagado, se terminó. Cuando Jesús clamó, "tetelestai," todos alrededor de la cruz harían esa asociación. Está pagado, se ha terminado. ¿Qué está pagado, que está pagado totalmente? La respuesta es, el pago del pecado, la compra de la redención.

¿Cómo fue que Jesús compró nuestra redención? ¿Cómo funciona todo eso?

El requerimiento de la ley era que cualquiera que pecara moriría. Esa era la maldición de la ley. Ahora, recuerde que la palabra "morir" significaba separación. Si uno peca, uno era separado de Dios eternamente. Esa era la manera en la que funcionaba. Alguien tendría que venir y cancelar esa deuda, limpiarla, pagarla. Desde el principio de los tiempos, Dios decretó que tenía que haber un sacrificio de sangre. No lo sé por qué, tendremos que preguntarle a Dios cuando lleguemos al cielo. Aquí tenemos ciertas pistas. A nosotros se nos dice que la vida está en la sangre. El pecado es muerte; la vida cancela nuestra muerte, la cual iba a ser nuestro pago. Tenía que haber un pago de sangre para deshacernos de nuestros pecados.

Por siglos Dios permitía que la sangre de animales (carneros, toros, cabríos, vaquillas) sea un pago simbólico por ese pecado. "Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados." (Hebreos 10:4) No, si nuestros pecados iban a ser alejados de nosotros, el sacrificio que adecuadamente pagaría por ellos y cancelaría la deuda, tendría que cumplir con los siguientes criterios: 1) Tendría que ser humano; 2) tendría que ser sin pecado, y 3) tendría que vivir bajo la ley, la ley de Moisés cumplida a la perfección. "Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos." (Gálatas 4:4) Por eso el sacrificio tenía que ser humano y nacido bajo la ley. Jesús cumplía con estos tres criterios. Consecuentemente, el podía y pagaría la deuda por nosotros.

"Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Lo que era imposible para la Ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne, para que la justicia de la Ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu." (Romanos 8:1-4)

Nosotros hemos sido liberados de pecado y muerte porque Dios envió a su propio hijo a semejanza del hombre pecador para que sea nuestra ofrenda por el pecado para que los requerimientos de la justicia de la ley sean cumplidas en nosotros. Fíjese que dice "en nosotros" y no "por nosotros." Nosotros no podemos cumplir con los requerimientos de la ley. Nadie pudo excepto Jesús.

La parte más grande de tod esto para mí está en el verso tres, esa última línea del verso tres. "Condenó al pecado en la carne." ¿Sabe usted lo que eso significa? Que cuando Dios se fija en mí, un pecador, pero un pecador que está en Cristo, un cristiano, Él no me mira y dice "Yo te condeno, pecador." Más bien dice que Él condena al pecado en la carne. Él dice, "yo condeno tu pecado, pongo tu pecado en la cruz, y te dejo tener la rectitud de Jesús" Tetelestai. Como dice la canción, "Jesús lo pago todo, y todo se lo debo a Él. El pecado dejó una mancha carmesí; y Él la lavó y la dejó blanca como la nieve."

El poder de la mortalidad se acabó. El enemigo natural de la humanidad es la muerte, ¿verdad? Alguien dijo, "El hombre quiere estar feliz, pero no puede porque hace exactamente lo que no quiere hacer, morir." Eso describe la humanidad.

¿Cuántas veces tratamos de post poner la muerte? ¿Cuántas veces tratamos de evitar a ese monstruo? ¿Cuántas veces nos exponemos a la muerte pretendiendo que no está cerca? Nosotros tratamos de esquivar sus ataques, pero eventualmente todos terminamos en su dominio. Jesús nunca predicó en un servicio de funeral. Es más, Jesús arruinaba cada funeral al que él asistía. Había llanto por la hija de Jairo, y Jesús la saca de la tumba. Cuando se llevaban al hijo de la viuda de Naín, Jesús lo hizo ponerse de pie. Cuando lloraban por Lázaro por cuatro días, Jesús dijo: "Saquen esa piedra. Lázaro, sal de ahí." Y así, Jesús arruinaba cada funeral al que él asistía.

En los tres días que tomó su muerte y resurrección, él le quitó a la muerte todo su poder. "Pero ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que murieron es hecho, pues por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida." (1 Corintios 15:20-23)

Cuando ellos sacaban el cuerpo sin vida de Jesús fuera de la cruz ese viernes por la tarde, lo pusieron en una tumba prestada. Sabiendo sobre las afirmaciones de su regreso a la vida y temiendo a sus seguidores, los soldados pusieron una gran roca en la puerta de la tumba, la sellaron y pusieron guardia sobre ella. Pero, ellos no pudieron contener la semilla de la vida. Ese domingo por la mañana, María y las otras mujeres estaban ahí cuando él, la vida, se desbordó. Él era la primicia. El primero de levantarse de la muerte, para nunca morir. Cuando el viene otra vez, todos los que habían muerto en él, saldrán de la tumba con un nuevo, imperecible, e incorruptible cuerpo. "Cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: 'Sorbida es la muerte en victoria.' ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? ¿Dónde, sepulcro, tu victoria?" (1 Corintios 15:54-55)

Amigos, cuando Jesús dijo, "¡Tetelestai! Consumado es." El convirtió a la muerte, de una fosa sin fondo, en un acceso de salida, sacándonos de un camino y poniéndonos en otro mejor. La manera en que enfrentamos a la muerte es una prueba de ácido, la suprema medida es nuestra fe. ¿Tenemos ese tipo de fe, ese tipo de confianza que Dios nos va a levantar del polvo? Él puede - nosotros podemos confiar en eso porque el rompió el dominio de la muerte, y regresó para nunca morir otra vez. Consumado es. ¡Ahora depende de nosotros!
AG Lección # 1257. 7 de Abril, 1996.